1. Una relación imposible


    Fecha: 30/04/2023, Categorías: Incesto Autor: Gargola, Fuente: CuentoRelatos

    ... tiene dos plantas. En la planta inferior es donde pasábamos la mayor parte del día, y en la parte superior estaban las habitaciones, dos baños, una cocina y un salón, pero que no utilizábamos puesto que hacíamos la vida abajo. Sólo subíamos a dormir o a descansar. Como decía, mi tía bajó a estar con mi madre. Yo fui al baño a orinar y después me lavé los dientes. No había cerrado la puerta porque no pensé que entrara nadie. Iba con bragas y la camiseta sin sujetador. Estaba cepillándome los dientes cuando entró mi tío tan solo con una toalla puesta encima tapando su zona media. Me quedé sin habla, sin saber qué decir porque no sabía a qué venía aquella actitud. Me enjuagué la boca y acto seguido me preguntó si me gustaba verlos follar. El mundo se me vino abajo. No sabía qué decir ni que pensar, ni mucho menos, como actuar ni qué reacción tener.
    
    —Te he visto como nos espías y como lo disfrutas, y no me molesta en absoluto. Es más, cada vez que lo hacemos pienso que eres tú la que estás conmigo.
    
    Yo estaba perpleja y me quedé sin habla. No atinaba a articular palabra alguna, pero sí a ver el bulto que se le formaba en la toalla a mi tío. Él me estaba deseando a mí. Todo era muy confuso en ese momento. Para mí aquello era un juego, un juego morboso, pero un juego sólo mío. No pensaba en que iba a compartirlo, pero nada más lejos de la realidad. Iba a formar parte de ese juego que sin pretenderlo marcó mi vida dejando una impronta en mi vida.
    
    Aquel hombre era un ...
    ... seductor nato. Parecía llevarse muy bien con mi tía. La trataba como a una reina y le daba todo el placer que una mujer puede desear, pero no sé, ni he sabido nunca, hasta qué punto mi tío le fue fiel a su esposa.
    
    —Me encanta que te des placer mientras nos miras. De hecho, me da mucho morbo que lo hagas, ni te imaginas cuánto. Eres preciosa.
    
    El bulto que realzaba la toalla iba hinchándose progresivamente hasta que la prenda cayó al suelo mostrando un miembro casi en completa erección que apuntaba hacia mí de manera amenazante. Mi vista no podía apartarse del falo más grande que había visto hasta el momento. Él se aproximó a mí y me besó mientras me rozaba con su miembro la barriga y mis partes bajas. Fue el beso más erótico que me habían dado nunca. Descargas eléctricas se apoderaron de mi vientre y de mis bajos. Los labios vaginales se me abrieron como si alguien hubiese accionado el mecanismo de apertura. Los flujos empezaron a emanar de la raja mojando mis bragas. A partir de aquel momento ya no fui dueña de mí, ni de mis actos. Sus manos acariciaron mis pechos. Las sentía grandes, rudas y expertas.
    
    Mientras me besaba recorrían toda mi anatomía. Me apretaba hacia él intentando que notara su dureza. Acariciaba mis nalgas con delicadeza dándome suaves apretoncitos. Una de sus manos se deslizó por dentro de mis bragas queriendo sentir la carne más de cerca, después la desplazó por mi abertura comprobando su humedad. Aquellas caricias me estaban excitando de una forma ...
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