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Una relación imposible
Fecha: 30/04/2023, Categorías: Incesto Autor: Gargola, Fuente: CuentoRelatos
... poco hasta que el pequeño orificio acogió todo el cipote. Me dio una follada por el culo de escándalo —tal y como lo recordaba antaño— que me llevó a otro orgasmo con su polla martilleando mi esfínter hasta que eyaculó en mis entrañas y se quedó tendido sobre mí. Cuando se recompuso del clímax se incorporó y contemplé su miembro morcillón balanceándose ante mis ojos. Seguía gustándome mucho más que el pene de mi marido a quien casi doblaba en tamaño. Quise jugar con él acariciándolo, pero sin pretender fornicar de nuevo. Tan sólo quería tenerlo en mis manos y palpar su envergadura considerando que no sabía si volvería a tener ocasión de volver a hacerlo. Me advirtió que ya no se recuperaba tan rápido como antaño, pero a mí eso me daba igual. Sólo quería tocarlo y saborearlo. Se tumbó en la mesa y mis caricias le empezaron a provocar una respiración más agitada y, a pesar de haber dicho que no se recuperaba tan fácilmente su erección me confirmó lo contrario. Me agaché y mis labios se apoderaron del erecto miembro y me recreé haciéndole la que pensé que era la mejor felación que había hecho en mi vida. Fueron unos veinte minutos dedicados en cuerpo y alma a intentar darle el mayor placer que nadie le hubiese otorgado jamás. No sé si lo ...
... conseguí, dada su trayectoria, pero puse todo mi empeño en ello. Tras aquella muestra de maestría por mi parte, se vació en mi boca gimiendo y retorciéndose como una serpiente. Su semen explotó en mi boca y fui tragándome su esencia al mismo tiempo que manaba de aquella fuente que parecía no parar. Lo que no podía tragar resbalaba a lo largo del tronco, más cuando pareció remitir la cascada seguí con un breve meneo de la mano que ahora resbalaba por la verga lubricada por su esencia. Aquello fue una locura, pero fue la locura más reflexiva de toda mi vida. Cuando nos vestimos sabíamos que era el punto final o, al menos, el punto y aparte. Teníamos que despedirnos allí y solos. Nos abrazamos y yo lloré como la adolescente que era cuando me hizo descubrir mi cuerpo. Yo no descarté un nuevo encuentro porque estaba más que dispuesta a repetirlo todas las veces que se nos presentaran, aun así, no ocurrió. Aquel fue el último día y ya no volvimos a hacerlo más. Nos vimos durante encuentros familiares, pero ya no se repitió, quizás porque yo también perdí algo de la euforia y no busqué la ocasión como lo hice aquella última vez. A pesar de todo, el recuerdo siempre permanecerá en mí y jamás me arrepentiré de nada de lo que ocurrió entre nosotros.