1. Memorias inolvidables (Cap. 12): Desesperación


    Fecha: 03/05/2023, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos

    Me llevaron a la morgue. Abrieron aquel cajón empotrado, ni el ruido que hizo mientras tiraban de él me gustó. Antes de verlo me entraban ya ganas de llorar. Me acompañaban mi padre y tío Onésimo. Mamá Emerenciana se quedó en casa porque no quería tío Onésimo llevarla.
    
    — Ya lo verás antes del funeral que estará bien arreglado; no quiero que te cueste un mal, —díjole tío Onésimo.
    
    Cuando lo destaparon vi su rostro bello, muy bello y me abalancé. No me dejaron tocarlo todavía. Mi padre me abrazó y tío Onésimo me agarraba la mano muy fuerte, como para que no escapara y tuviera calma. Delante tenía lo que me había hecho feliz, lo mejor que me había ocurrido en mi vida. A mis lados los que lo hicieron posible. Pero el Destino es más poderoso que nuestras voluntades. Es como un dios tan poderoso que tiene la capacidad de sorprenderte. ¿Qué es nuestra voluntad?, ¿para qué nos sirve?, ¿de qué sirven nuestros proyectos e ilusiones, nuestros compromisos y nuestros deseos? ¿De qué y para qué sirve vivir si nos falta lo que deseamos?
    
    — Vamos, vámonos de aquí, preparemos sus funerales y luego preparad otro para mí, —dije con firmeza y seriedad.
    
    — No digas eso, Ismael, hay que levantar el ánimo, —dijo tío Onésimo.
    
    — Y para qué me sirve a mí ya el ánimo, papá, si no tengo mi amor en el corazón, ¿qué soy yo sin Eduardo?
    
    — Ni se te ocurra, ¿nos amas a tu padre y a mí y a mamá Emerenciana?
    
    — Sí, pero más amo a Eduardo y se me fue…
    
    — Si nos amas, no hagas nada para que ...
    ... perdamos un hijo al que amar y en él seguir amando a Eduardo.
    
    — Tengo mucho que pensar, mi vida queda vacía, no me hallo en este mundo…
    
    — Piensa qué quisiera de ti Eduardo; piensa todo lo que quieras, pero no hagas nada que podría disgustar a Eduardo, no hagas nada de lo que pudieras arrepentirte si estuviera en tus manos, no hagas nada sin consultarnos, no nos des más disgustos, y piensa en tus cuatro hermanitos que tienes en casa y que te quieren y confían en ti y esperan que puedas sustituir a su hermano mayor…; mira, yo te pediría que seas Ismael para tu padre, que te ama con locura, y Eduardo para nosotros que tanto te necesitamos…
    
    — ¿Y para que quiero yo vivir para otros, si no tengo ya a quien vivía para mí?
    
    — Piensa, piensa en todo menos en ser egoísta…, quizá un día te sale otro como Eduardo que te ama como te amó Eduardo y al que podrías amar como amaste a Eduardo…
    
    — ¿Otro como Eduardo? No sé dónde podría haber otro como él?, ¿Tú sabes de verdad cómo era Eduardo conmigo? No puede haber otro…
    
    — Puede haberlo y los hay…, yo tengo a mamá…, escucha bien, Eduardo era como Emerenciana, todo corazón, todo amor, todo generosidad…; te necesitamos, para que tú, Ismael, seas como Eduardo para nosotros, y te queremos, te necesitamos…
    
    — Mañana tendremos el funeral en la Iglesia…, ¿podré decir algo sobre Eduardo?
    
    — Hoy vendrá a comer con nosotros don Adolfo, le preguntamos y quedas con él, si no fuera posible en la Iglesia, donde vendrá mucha gente, lo ...
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