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Mi querido suegro
Fecha: 04/05/2023, Categorías: Incesto Autor: Sophia, Fuente: CuentoRelatos
... finalizaba, aunque mi suegro me decía que dejase el trabajo, que él podía ayudarnos económicamente. Si bien era una buena propuesta, no me parecía lo correcto, ya que el hecho de vivir en su casa era una gran ayuda. Cada tanto me traía algún obsequio tanto para mí como para su nieto, que si bien no era de gran valor, era una demostración de afecto. No sé porque me sentía en deuda con él, así que considere no ocultar demasiado mis tetas, dejando abierta mi camisa y permitirle que me observase o por lo menos no taparme tan rápido y tratar de demostrar que eso es algo natural. Un día me dice: “Tienes unos hermosos pechos, Trini” “No, están algo deformados por la lactancia, y además estoy algo rellenita” cosa que era verdad pues aún tenía como 10 kilos de más. “Pues a mí me encantan, además la mujer algo gordita es más apetecible” Sentí una extraña sensación, ni mi esposo había hecho alusión a mis tetas y menos a mi cuerpo, en este último tiempo, pero al venir de mi suegro fue como una hermosa gratificación. “Gracias Ricardo” fue lo único que atiné a comentar riéndome de su ocurrencia. Eso creo que fue más que suficiente, para que su compañía como espectador, me fuese cada día más grata, además oírlo con sus anécdotas y encontrando algún tema para contarme. Se había convertido en un momento muy especial, aparte hacia los mandados, me ayudaba con la comida. Con el pasar de los días, me fui acostumbrando a su presencia, mientras amamantaba a mi ...
... bebe, a veces levantaba la remera permaneciendo breves segundos con un pecho al aire, o abierta mi camisa viéndose parte de ellos, sonriendo cálidamente ante la presencia de mis desnudos pechos. También yo lo hacía, en donde parecía una travesura, en que ambos compartíamos. A veces me decía que se producía una aureola, producto de estar algunas horas sin darle de mamar a mi hijo. En definitiva actuaba libremente sin tomar reparos cada vez que alimentaba a Manu. Una mañana mientras alimentaba a mi hijo, después de darle de tomar y depositarlo en el cochecito, empecé a mover el cuello, pues lo sentía algo tensionado. Mi suegro me dice: “Que te sucede?” “No sé, me duele algo el cuello? “Quieres unos masajes? “En serio, me lo dice?” “Si, si quieres, acá me tienes” “Bueno, dele” Ricardo se puso tras de mí, no me había quitado la blusa y mi sostén lo tenía levantado, así que opte por desabrocharlo y mantuve la camisa algo abierta. Trajo talco y con sus grandes manos comenzaron a masajear mis hombros produciéndome algo de dolor pero a su vez me iba relajando mis músculos. Si bien tenía algo de resquemor, en pocos minutos me empezaron a atraer, sintiendo como se iba relajando ese sector afectado. En un momento abrió un poco mi camisa intentando descubrir más mis hombros, la que al estar desabrochada término desplazándose quedando mi dorso al descubierto. “Oh, perdón Trini, no fue mi intensión” tratando de subirme la camisa. “No, está bien Ricardo, es ...