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Pagándoles el alquiler a mis primos
Fecha: 07/05/2023, Categorías: Incesto Autor: florcitadorada, Fuente: CuentoRelatos
... encima de mi cara, las manos apoyadas en la pared, su pene erecto, grande, buscando mi boca. Me sorprendió, no tuve tiempo de reaccionar. Me empezó a coger la boca, hasta el fondo de la garganta. Se lo chupé, se lo lamí, lo succioné. Gastón me cogía con la lengua. Tenía un primo en la vagina y otro, en la boca. ¿Primos?, no, dos hombres cobrándole una deuda a una puta. Los tres gemíamos, mientras me insultaban y me prometían golpearme y violarme toda la noche. Era lo que yo quería. En un instante, con gran rapidez y sincronización, me acomodaron, se acomodaron y terminé arriba de Gastón, cogiéndome con su pene enorme, de manera violenta, mientras me chupaba los senos y Felipe, haciéndome la cola. El primer hombre en culearme. Felipe me penetraba, queriendo llegar al límite de mi culo, de mi dolor, de mi excitación, pegándome cada tanto, con fuerza, en las nalgas. Mi culo se iba abriendo, virgen, frente al ímpetu de esa pija hambrienta. Yo gritaba de dolor, sorpresa, excitación. Me estaban haciendo entre dos, y yo había buscado esa situación… Sentía la boca de Gastón en mis pezones, sus dientes que me marcaban, haciéndome sufrir. Su pene me violaba, mientras me decía: “¡Pagame puta barata!”. Y yo les quería pagar, toda la noche, todos los días. Quería ese momento para el resto de mi vida. Felipe descargó, con un rugido de placer, su leche en mi culo. Podía sentir cómo latía su pene dentro de mí. Se desplomó en la cama, mientras Gastón me seguía violando. Y terminó, ...
... abundante, espeso, rico, en las profundidades de mi vagina llena de fluidos. Gemimos al mismo tiempo, en éxtasis de placer. Quedamos los tres agotados en la cama. Por momentos, me mareaba, era demasiada excitación, demasiado placer y estaba haciendo algo que nunca imaginé que podía llegar a hacer, y menos, que me podía gustar tanto. Me adormecí. Sentí, entre dormida y despierta, que ellos iban al baño, a la cocina, que charlaban, que se reían. Yo no tenía energías para prestarles atención, estaba agotada por tantos meses de reprimir lo que estaba haciendo, lo que quería seguir haciendo. Además, me dolían las nalgas por los golpes de Felipe, me dolían los pechos, mordidos y marcados por Gastón, me dolían la vagina y el culo, cogidos con violencia. No sé si pasaron 20 minutos, o dos horas, me desperté con sed. Mi cama era de dos plazas, yo estaba del lado de la puerta, y ellos, del otro lado. Los miré y Felipe me susurró un suave: “Hola bebé”, a lo que le respondí con una sonrisa. Me levanté, ya estando casi en la puerta de la habitación, Gastón me agarró fuerte de un brazo y me hizo darme vuelta hacia él. - ¿A dónde vas perra? – estaba enojado. - A buscar agua a la cocina. Tengo mucha sed- respondí desconcertada. - ¿Nos pediste permiso para ir? ¿Qué te hace pensar que podés hacer lo que quieras? Sos nuestra esclava, tenés que pedir permiso. ¿Tenés sed?, tomá lechita. Dejá de hacerte la virgencita. Las putas no toman agua, toman lechita. Sin decir más, me pegó una ...