1. Mientras mi novio duerme (Parte 1)


    Fecha: 08/05/2023, Categorías: Incesto Autor: NinfaCamila, Fuente: CuentoRelatos

    ... te vayas mañana y no vuelvas más. — le dije, con lágrimas en los ojos, mientras me aparaba de él y me iba a mi cuarto.
    
    En la habitación, Martín dormía profundamente, totalmente ignorante de lo que acababa de pasar. ¿Cómo reaccionaría si se enterara de lo sucedido? Me indignó darme cuenta de que no sabría cómo lidiar con aquella situación, tal como lo había dicho Ezequiel. Salí del cuarto, sintiéndome muy sola. ¿De qué servía tener un novio con el que no se podía contar? Además, había otra cosa en la que Ezequiel había acertado. Mi carne era débil, y si hasta ahora había logrado serle fiel, no estaba tan segura de por cuanto tiempo lo sería, menos ahora que Martín ya no me cogía bien.
    
    Pensé en irme a la casa de mi abuela, pero era muy tarde, mejor intentaría dormir unas horas, y luego saldría temprano, para no tener que cruzarme con mi cuñado.
    
    Pero antes salí al balcón a tomar un poco de aire fresco, y a meditar sobre mi noviazgo. Debía hablar urgente con Martín. Había cosas que debían cambiar, si no, la relación no duraría mucho tiempo.
    
    Habían pasado unos quince minutos, cuando escuché que una de las puertas del departamento se abrió. Desde el balcón, no podía estar segura de si se trataba de mi novio o de Ezequiel. Me puse nerviosa, y me sentí tan débil e insegura como Martín. Escuché los pasos, que se acercaban despacio. Luego el ruido del vidrio que daba al balcón al abrirse, y finalmente el cuerpo pararse detrás de mí.
    
    Yo estaba de espaldas, viendo al ...
    ... barrio nocturno. El cielo estaba despejado y las luces artificiales que se veían a lo lejos, se mezclaban con las estrellas.
    
    Dos manos se posaron en mi cintura. Eran manos fuertes, e impetuosas. Yo tenía mis manos apoyadas sobre el metal que hacía de límite del balcón, con una pierna flexionada, y el torso levemente inclinado. Sabía que, involuntariamente, me había puesto en una pose sensual, y me incliné aún más sacando cola. Las manos, bajaron hasta mis caderas y me acariciaron con pericia, por encima de la pollera.
    
    — No digas nada — susurré en la noche silenciosa.
    
    Él no dijo nada. Yo no quería mirarlo. Seguí observando las luces de la madrugada, mientras los dedos fuertes bajaban, más y más, hasta llegar al final de mi pollera, y encontrarse con mis piernas desnudas. Al principio, sentí un frío que me estremeció, pero ante las caricias insistentes, las manos enseguida se tornaron cálidas. Sentí cómo mi pelo era corrido a un lado, y la lengua saboreaba mi cuello. Luego me sopló, ahí donde había dejado un rastro de saliva, y cuando me encogí por la sensación, mezcla de cosquilleo y placer, apoyó una mano en mi trasero, ya sin delicadeza, y lo tanteó con impunidad, como quien agarra una cosa que no es suya. Lo apretó, con violencia. Yo sentí mis músculos contraerse, como si con ese par de toques ya estaba a punto de llegar al orgasmo que últimamente tanto trabajo me costaba.
    
    Luego acercó su cuerpo al mío. Yo sentí toda su dureza en mis propias carnes. Los brazos me ...