1. Mientras mi novio duerme (Parte 1)


    Fecha: 08/05/2023, Categorías: Incesto Autor: NinfaCamila, Fuente: CuentoRelatos

    ... puerta escuché las risas alegres que venían de la cocina. Ezequiel me había escuchado llegar y salió a recibirme.
    
    — ¡Cami! — me saludó, alegre. Me abrazó con fuerza, y yo sentí todos sus músculos apresando mi cuerpo. Me dio un beso en la mejilla. — Mirá el bombón que se fue a levantar mi hermanito. — dijo cuando me soltó.
    
    Martín también había salido de la cocina y noté que, a pesar de que su sonrisa no se había desvanecido, el comentario no le agradó mucho. Por cierto, a mi tampoco me gustó ¿Quién era Ezequiel para decidir a qué tipo de mujeres se podía levantar su hermano? Lo acababa de ver después de mucho tiempo, siendo esta la primera vez que compartíamos una reunión tan reducida, y ya empezaba a contagiarme del rechazo que sentía mi novio. Sin embargo, enseguida me olvidé de eso. Para malhumorados, con Martín, era suficiente.
    
    A pesar de ese pequeño paso en falso con el que comenzó la velada, luego todo marchó bien. Ezequiel nos contó sobre su aburrido trabajo como contador, y nos deleitó con las descripciones de los lugares que visitó en sus vacaciones, gracias al sueldo que le proporcionaba ese mismo trabajo que aborrecía. Tomamos una cerveza, y luego otra. El ambiente se tornó alegre y pusimos música.
    
    — Vamos al balcón un toque. — propuso Ezequiel.
    
    — Sí, perdoná que no me avivé de mostrarte. No sabés la vista que tiene.
    
    Vivimos en el décimo piso, y nuestro departamento está en uno de los pocos edificios grandes del barrio. De hecho, nos rodean sólo ...
    ... casas y edificios pequeños, por la que la vista es espléndida. De noche, se ve la ciudad iluminada, y los vehículos parecen juguetes que se deslizan por una pista de carreras.
    
    — Esto es hermoso. Los felicito. — dijo Ezequiel. Yo miré a martín, que esbozaba una sonrisa orgullosa.
    
    Charlamos en la terraza, y después nos pusimos a bailar. Martín siempre fue un patadura y sólo bailaba porque estaba alegre. Pero Ezequiel era muy hábil con las piernas, y su cadera se movía mejor que la de muchas mujeres. Bailé en medio de los dos. Martín me besaba cada tanto, y Ezequiel me tomaba de la cintura cada vez que podía. Sentir esas manos extrañas, fuertes como tenazas, sobre mi cuerpo, me generaba un estremecimiento un tanto perturbador. No estaba borracha pero sí un poco alegre por el alcohol. Mientras miraba la noche estrellada y oía la música, que llegaba suave desde el living, recordé algo que hace mucho no recordaba (o fingía olvidar). Ezequiel bailaba, ligero como pluma en el viento, en ese espacio tan reducido, y yo lo veía, como cuando éramos chicos. Yo, una adolescente de dieciséis años. Él, un muchacho de dieciocho, a punto de convertirse en adulto. Recordé su cara, siempre sonriente, igual que esa noche, y sus ojos, celestes como los de su hermano, pero mucho más vivos. Recordé mi obsesión por ese cuerpo trabado, ese mismo cuerpo que ahora se movía, derrochando sensualidad, sólo para mi deleite, ante la mirada inocente de su hermano. Recordé las noches que tuve que apaciguar ...
«12...456...12»