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Mientras mi novio duerme (Parte 1)
Fecha: 08/05/2023, Categorías: Incesto Autor: NinfaCamila, Fuente: CuentoRelatos
... mi pasión con la autosatisfacción, mientras pensaba en ese chico, aparentemente inalcanzable. Sentí vergüenza de mí misma. Me dije que ya no era una nena, y que debía olvidar aquello, o mejor, que sólo debía recordarlo como algo lejano, algo que le sucedió a otra persona. Logré hacerlo. Al menos por esa noche. 4 β Y por cuánto tiempo te quedás. β le pregunté al día siguiente mientras los tres desayunábamos. β ¿Ya querés que me vaya cuñadita? β preguntó Ezequiel, y todos reímos. β No, para nada. Solo es curiosidad. β dije yo, un tanto avergonzada. β En unos días debo volver a la rutina de papeles y teclados. β comentó, sin dar mayores precisiones. β Pero antes me gustaría invitarlos a algún bar, a comer algo y a emborracharnos. β Paso con lo de la borrachera, pero te acompañamos al bar ¿cierto mi amor? β Sí, claro. β contesté yo. β hace rato que no salimos de noche. βagregué, sin reparar en que podría sonar a reproche. β Entonces hoy saldremos. β dijo Martín. β ¡Muy bien, así me gusta! β exclamó Ezequiel. β y me parece bien que no saques muy seguido a esta hermosura. Me imagino que más de un tipo se habrá querido propasar con ella, incluso en tu presencia. Pero conmigo cuidándoles las espaldas, nadie los va a molestar. β bromeó. Martín se puso rojo, y yo me incomodé. En una misma frase me había tirado onda, y había dejado a Martín como un idiota incapaz de cuidar a su novia. Por otra parte, el silencio de mi novio también me molestó. ¿No se ...
... le ocurría ninguna respuesta para ponerle los puntos a su hermano? Ya era hora de que empiece a poner huevos. β Era una broma, no se me enojen, yo soy así nomás. β dijo Ezequiel, reduciendo la tensión en el ambiente, solo un poco. Me puse a levantar la mesa. Ezequiel quiso ayudarme. Me siguió por detrás hasta ir a la cocina. Yo sentí su mirada clavada en mis nalgas. Esa mañana llevaba un pantalón, no tan ceñido como la calza de la otra vez, pero lo suficiente para marcar mi cola de manera sensual. Me di vuelta para engancharlo in fraganti, y Ezequiel, al verse descubierto, me sonrió descaradamente. β Que suerte tiene mi hermanito. β me dijo. No le contesté. Apoyé las tazas sobre la bacha de la mesada. β Dejalas acá nomás, que yo las lavo β le dije, señalando la mesada donde debería apoyar los cubiertos que llevaba. Ezequiel se acercó por detrás. Me agarró con una mano por la cintura, gesto totalmente innecesario. Y con la otra mano apoyó los cubiertos en la pileta. Para hacerlo, se tuvo que acercar mucho a mí, y yo sentí durante unos segundos, el bulto detrás de su bragueta que se apoyaba con poca sutileza en mis nalgas. Hice de cuenta que no pasaba nada. Quería saber la reacción que él tendría. Quizá estaba equivocada y fue un acto no premeditado. Sin embargo, ante mi mutismo e inmovilidad, Ezequiel se apretó más a mí. β ¿Segura que no querés que te ayude? β me susurró, agarrándome de la mano con la que empezaba a lavar las tazas de café. Mis nalgas ...