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Adiós a mi inocencia (Tercera parte)
Fecha: 20/05/2023, Categorías: Gays Autor: claudiasiempre, Fuente: CuentoRelatos
Desperté asustado, cinco minutos antes, que el despertador lanzara su bramido a las 8 de la tarde. La tranquilidad volvió a mí. La noche de esa tarde de sábado, comenzó a descender lentamente, pero segura. Se iba apoderando de las migajas de luz, para extender su dominio inevitable. Extendí los brazos de par en par recostado sobre la cama para darle movimiento a mi cuerpo descansado. De pronto, recordé que esa noche, sería llevado al matadero del amor. Una orgía, me esperaba para ser descuartizado sin piedad. Me levanté y me metí a la ducha. Limpie mi trasero y lo lubrique minuciosamente, puesto que sería sometido salvajemente por aquellos pervertidos durante mucho tiempo. Elegí unos calzones rojos para esta ocasión especial. Dicen, que el rojo embrutece hasta los toros y los atrapa en su locura. Me vestí ligeramente, para hacerlo todo más rápido. Pero, cuando estaba, poco antes de comenzar a cerrar la larga hilera de botones de mi camisa de color lila, me percate que mis pezones estaban muy levantados. Son como capullos rodeados de una aureola semejante a las de una mujer. Claudio, en ninguna de las dos ocasiones, se detuvo a mirar ni acariciar. Debe haber sido, la primera vez, por el nerviosismo; y hoy por la tarde, por la tranquilidad de sentirse seguro como mi macho Un flujo de luciérnagas de fuego se anidaron en mis pezones. Llegué, cinco minutos antes de las nueve. Claudio me hizo pasar, después de besarme en la boca. Nos dirigimos directamente al ...
... comedor... Ahí estaban sentados en el sofá rojo los dos pervertidos que un rato después me montaría... Saludé de mano al primero, un hombre de unos cuarenta años, piel clara y manos callosas y duras. Nada de mal parecido. Y, enseguida, a un hombre un poco más joven con una mirada tranquila y muy alegre, de piel negra. Sus manos eran calientes y seguras. Me hicieron sentar a unos de los costados del ancho y largo sofá que ya conocía... Claudio, fue en busca de una de las cuantas sillas que había alrededor de la mesa del comedor. La arrimó hacia el costado donde yo estaba. El hombre de la piel clara, se levantó y retiró de la mesa una lata de cerveza y me la ofreció para que bebiera, dando un golpecito con su palma en el muslo de Claudio y diciendo satisfecho: ¡lo felicito hermano! Luego se sentó. Ahora, puedo sonreír naturalmente y tranquilo al escuchar esa afirmación propia de los machos conquistadores. Mientras tanto, el otro, se divertía exclamando con sus dos manos agarrado de su vientre: ¡Dale duro hermanito, a esa perrita caliente! Miré al televisor gigante del comedor que estaba conectado, y vi con espanto una escena de sexo interracial. Un joven de unos veinte años de piel blanca, estaba siendo sometido por un negro por su trasero, mientras otro negro se lo encajaba por la boca... Una calentura, jamás sentida, me recorrió por todo el cuerpo. Giré la mirada hacia el negro del sofá, con el propósito de descubrir anticipadamente si él fue el intruso que me obligó a ensuciar de ...