1. Adiós a mi inocencia (Tercera parte)


    Fecha: 20/05/2023, Categorías: Gays Autor: claudiasiempre, Fuente: CuentoRelatos

    ... Pero, más caliente porque aún no gozaba todavía. ¿Quizás eran los nervios o la brutalidad? Sentí algo de vergüenza. Ambos se fueron a duchar conversando alegres...
    
    Me senté al borde del sofá para tomar un respiro. La orgías son agotadoras y las fuerzas y los deseos, muy limitados...
    
    El de piel negra, se acercó lentamente y me preguntó si había gozado. Aún no le dije, pero estoy un poco sin aliento... Me puso de pie y me abrazó dulcemente. Descubrió que había comenzado a tiritar. ¿Qué le pasa ahora? añadió... Estoy nervioso porque debo dejarte satisfecho a tí....
    
    ¡No te preocupes tanto, quiero que solamente seas feliz!
    
    Su compasión me conmovió...
    
    Comenzó a besar mi cuello, humedeciéndolo con su lengua. Un calorcito agradable volvió a mi cuerpo. Mis pezones que estaban apegados a su piel volvieron a crecer... Sus labios tibios, salieron a su encuentro y comenzaron a mamarlos como un macho tierno. Me sentí como una hembra ardiente, dando verdaderos gemidos de placer... Baje mis manos sigilosamente, en busca de su sexo. Ahí estaba, en toda su longitud y espesor asombroso. Comenzó a endurecer paso a paso, sin prisa mientras lo atrapaba... Sentía cada palpitación una y otra vez... Algo hermoso me esperaba. Me arrodillé lentamente, como una esclava ante su amo y lo besé con encanto. Abrí mi boca para darle la bienvenida que había conquistado con mucha humanidad, pero no pude en varios intentos que realizamos. Angustiado, lo miré ...
    ... con ansiedad. Abrí más la boca, y así pudo lograrlo, sentí viendo cómo la llenaba de carne apetitosa. Mis gemidos ya no podían escapar, se perdían en su propia jaula. Después de largos minutos. Lo sacó para que extrañara su ausencia y pudiera respirar de tantas arcadas.
    
    ¡Quiero más...!, protesté...
    
    Me levanto cuidadosamente, y de rodillas en el sofá, abrió mis piernas. Me dijo, que si sentía malestar, mordiera el respaldo del sofá. Eso haría...
    
    Abrió mis húmedas nalgas y dio el primer empujón... Aullé mordiendo el sofá... Realizó otro intento, volví a aullar más intensamente. Hizo varias veces, hasta vencer la resistencia con más aullidos. Cuando lo logró, sentí un fuerte desgarro. Con mis dientes enterrados en el tapiz, no pude evitar un grito desgarrador que partió mi alma. Entre sollozos y placer, me di por vencido...
    
    Bombeó interminables veces, haciéndome gozar, en más de dos oportunidades. Después me bañó internamente, dando un grito de satisfacción...
    
    Una vez satisfechos los dos, sentí sobre la piel de mis piernas que fluía un hilillo de líquido. Con mi mano, palpé con cuidado las nalgas. Estaban muy mojadas, saqué la mano y la miré con horror, ¡Había sangre! Me sentía como una mujer... ¡Fui desvirgada!
    
    Me levanté rápido, lo besé intensamente con un abrazo acogedor.
    
    Nos vestimos, y le di otro beso. Después le dije: despídeme de los demás... ¡Necesito asearme... en casa!
    
    Espontáneamente, lo volví a besar... 
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