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Después de una cena medieval
Fecha: 28/05/2023, Categorías: Infidelidad Autor: AMANECER, Fuente: CuentoRelatos
Habíamos salido a cenar una noche de fin de semana, sin que ninguno de nosotros imaginara que todo cambiaría entre nosotros. Ella se convertiría en una fogosa mujer que yo debía montar hasta dejarme exhausto. Era guapa, sexy y llamaba la atención de todos los ejecutivos de la compañía donde yo trabajaba. Era una de las jefas más eficientes y enérgicas. Nadie pensaría que tras esa sonrisa se escondía una hembra insaciable que movía las caderas exprimiendo un miembro hasta dejarlo seco. Cenamos en un lugar agradable, refinado y a la vieja usanza. Un hostal medieval escondido en el centro de la ciudad, con toda clase de atractivos. El vino calentó nuestros cuerpos hasta que ella me dijo mientras me mordía un labio: "¿Y si vamos a otro lado a seguir la fiesta?". Así que nos fuimos a un hotel de los 5 elementos de la materia. Ella eligió "agua". Al entrar a la habitación dejó ver su piel blanca y tersa, apenas cubierta por una lencería que me dejó impresionado, con el deseo de acercarme más. Ella y yo teníamos a nuestras respectivas parejas, así que no podíamos quedarnos toda la noche. Decidimos pasar a la acción de inmediato. A los abrazos y besos siguieron las caricias: la tomé de las nalgas y sentí sus caderas: anchas, firmes, grandes. Eran unas caderas de hembra que sabía montar a su marido. A leguas se veía que sabía complacer a un hombre y, en esta ocasión, quería hacerlo conmigo. Comenzó a besarme. Recorrió mi cabello y barba, mientras abría mi camisa y metía la ...
... mano en el pecho: al sentir sus manos me excité más y la prendí de las nalgas, acercándola por completo y así sentir sus senos en mi pecho. Eran redondos, blancos y bien firmados. Se habían dilatado debajo del brassier y los solté en un movimiento rápido: brincaron y rebotaron, mostrando unas aureolas carmesí con pezones duros, firmes y erectos. Acerqué mis manos a esas tetas magníficas y las acaricié una y otra vez. Ella jadeaba. Sus manos agarraban mis nalgas y las jalaba hacia ella. Mi erección crecía con el ritmo de mi humedad. Y ella lo notó. De un zarpazo tomó mi miembro mientras me miraba a los ojos y su lengua se metía en mi boca, yo hacía lo mismo. Con las tetas al aire y las nalgas sujetas la jalé hacia mí. Ambos jadeamos al encontrarnos frente a frente y cada uno estimulando al otro. Soltó mi cinturón. Tenía prisa por bajarme el pantalón. Se agachó un poco mientras yo me movía para quitarme el pantalón y quedarme en bóxer. Ella me tocó el miembro duro, ancho y húmedo sobre el bóxer y me dijo: “¡quiero sentirte!”. Se agachó y con los labios bajó el bóxer y encontró mi glande: "ah, está húmedo. Me gusta". Comenzó a lamerlo, despacio, sin prisa, pero algo sintió. De pronto, todo cambió: sus labios besaban y su boca me daba una mamada deliciosa. Ella sabía hacerlo; le gustaba sentir una buena verga en la boca y la mía le agradó: la fue agrandando dentro y ensanchándola a puras mamadas. La tenía del pelo, jalándola, mientras ella me chupaba. "Ah, sí, sí, sigue, hazlo, ...