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El secreto de tía Laura (Capítulo 2)
Fecha: 10/06/2023, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... que antecede a lo más jugoso. Ayer fui a lo de tía Laura, sí señor. Habíamos chateado un par de veces, y en la última ocasión me exigió que vaya a visitarla. “No te preocupes, tu mamá no va a venir”, me dijo. Era obvio que lo decía porque se daba cuenta de que me resultaba muy aburrido salir con mamá, pero aun así, esa frase despertó todos mis ratones. No dudé en ir. Le pedí prestado el auto a papá. No pensaba visitar a mi querida tía, yendo en colectivo, sólo para llegar todo transpirado y lleno de olores. Por suerte el viejo no se puso en ortiva, como hace a veces. Quedamos en que iba a ir a la hora del almuerzo. Estaba nervioso, como si estuviese acudiendo a una cita. Mi verga estuvo al palo la mayor parte del tiempo, mientras me imaginaba cogiéndola salvajemente durante toda la tarde. En la garita de seguridad de la entrada de ese barrio privado, me pidieron el documento, llamaron a la casa para confirmar que estaba autorizado a ingresar, me abrieron la barrera y entré. La casa de tía Laura era tremenda. Incluso una puta cara no podría pagarla, salvo que haya trabajado desde muy chica. Era una construcción moderna: varios rectángulos de hormigón con ventanales enormes que daban mucha luz natural al hogar. Tía Laura estaba parada en la puerta de la casa, para recibirme. — Hermosa casa —dije — Qué bueno que viniste —comentó, para luego darme un efusivo abrazo. Yo la estreché con intensidad. Sentí sus hermosas tetas en mi torso. Me hubiese quedado así ...
... durante horas, pero mi verga ya se quería levantar, así que lo mejor era separarme de ella. El interior de la casa era tan impresionante como el exterior: el living decorado de manera minimalista, con lindos sofás y una televisión de cincuenta y cinco pulgadas con pantalla curva. — Es hermosa tu casa —repetí, aunque lo que en realidad quería decirle era que la casa era casi tan hermosa como ella. — Gracias —dijo, alargando exageradamente la letra a—. ¿Vamos al comedor? La seguí por detrás, aprovechando para mirarle el culo. Perdón diario, si carezco del lenguaje lo suficientemente amplio como para hacer justicia al reverendo ojete de mi tía. Esta vez llevaba un pantalón de jean ajustadísimo, que le calzaba como guante. Lo que tenía de malo el hecho de que vistiera pantalón, era que no podía ver el tatuaje de su pierna. Pero ya me las arreglaría para, por fin, develar ese misterio. El comedor era otra locura. Una elegante araña de cristal colgaba encima de la mesa de vidrio. Las sillas acolchadas tenían un respaldar alto. Sobre la mesa había una bandeja con una gran variedad de sushi, una jarra de agua y una botella de gaseosa. Supuse que el agua era para ella, pues cuidaba su cuerpo en demasía. Y el refresco era porque había pensado que yo solía beber eso. — Espero que te guste el sushi. Ahora pienso que te tendría que haber preguntado antes. — No te preocupes, me encanta —dije yo, sin mentir, aunque nunca iba a preferir el sushi antes que una buena ...