-
Mamá se está corriendo, cariño
Fecha: 13/06/2023, Categorías: Incesto Autor: Kiko, Fuente: CuentoRelatos
Mi maestro fue un viejo de ochenta años que le gustaba mamar pollas tanto o más que comer coños, ya que otra cosa no podía hacer, pues la polla no se le levantaba. El viejo en cuestión, del cual no voy a decir su nombre, daba lecciones de cómo follar a una mujer a cambio de una mamada. Los mozos más que por las lecciones iban por las mamadas. Yo le había caído bien, más que nada porque era un gamberro y le recordaba sus tiempos mozos. Recuerdo que era martes de carnaval cuando con la pica del chuzo de la vaca, o sea, una vara con una pica delante, me dibujó unas tetas y un coño, un coño con pelos y todo y me dijo los nombres de sus partes... Me dio la lección y después me examinó. Señalando un pezón, me preguntó: -¿Qué es esto? -Un pezón. -Señaló la areola. -¿Y esto? -La corona. -¿Qué se hace con la corona y el pezón? -Lamerlos, chuparlos y también magrear las tetas y... -Ya vale. ¿Esta que es? Señalaba el clítoris -La pepita. -¿Qué hay que hacer con ella? -Lamerla y chuparla. -¿Qué no hay que hacer con ella? -No hay que retirar la lengua cuando la mujer se corra. -¿Y? -¿Y qué? -¿Y qué más? -¡Ah, sí! Dejar la parte de arriba calcando la pepita y meterle la lengua dentro del agujero del coño mientras se corre. -¿Qué tendrías que decirle a una moza sin estrenar si cuadra que también te estrenes tú? -No tenga miedo. No le va a doler. Ya desvirgué a más chavalas. -Así, aparentar. ¿Y qué más? -Y que de ninguna de ...
... las maneras me voy a correr dentro de ella. -¿Qué no hay que hacer a una moza sin estrenar? -Metérsela a lo bestia. -¿Y con una mujer casada que tienes que hacer? -Dejar que me folle. Yo no sé follar, soy virgen. A grandes rasgos esas fueron mis primeras enseñanzas. Con el tiempo ya sabía yo más que el viejo, aunque para eso hubo una primera vez, y esa vez fue con Asunción, mi madre putativa. Por aquel entonces, o sea, hace seis meses, tenía treinta y dos años y estaba cómo un queso de tetilla. Creo que no había un chaval en la aldea en que vivíamos que no se hubiera pajeado fantaseando con ella. Todo empezó un día que Asunción estaba en la huerta lavando ropa en el pilón. Al enjuagar en el agua la ropa que enjabonaba y frotaba se echaba hacia delante y enseñaba los muslos de sus piernas casi en su totalidad. La estuve mirando unos minutos y mi polla se puso tiesa cómo un palo. Exponiéndome a llevar una hostia suya y una paliza de mi padre, saqué la polla, y caminado sin hacer ruido me puse detrás de ella. Cuando se echó hacia delante le empotré la polla contra el coño. Fue cómo si se la hubiese metido en el culo. Se enderezó y se dio la vuelta con la mano levantada. Al ver que era yo bajó la mano, me miró para la polla, y me dijo: -¿Por qué hiciste esa tontería, hijo? -Me calenté viendo tus piernas, es que pasó tantas ganas... ¡Cuándo perderé la maldita virginidad! -Ya te llegará tu hora, hijo, ya te llegará tu hora, ahora guarda esa cosa. -Sigue ...