-
Desconocido
Fecha: 24/06/2023, Categorías: Gays Autor: SugarCat, Fuente: CuentoRelatos
El frío de aquella noche calaba mis huesos, más que nada porque con los escasos grados de temperatura en el ambiente salí pasada la medianoche vestido solo con un short verde ajustado, zapatillas y sudadera Rip Curl negra. No salí para ejercitarme, aunque me encontraba trotando, quería «más bien debía» llegar a casa de mi novio con quien media hora antes había tenido una fuerte discusión «pelea, literal». Necesitaba arreglar las cosas, o eso creía. Mi novio me había golpeado un par de veces antes, palmadas en la cara, empujones e incluso apretado, pero nunca me había dado un puñetazo tan fuerte como aquel, sentí que mi nariz se quebraba con el golpe, incluso tuve la sensación de sangre correr por ella. La nariz no se quebró, ni brotó gota alguna de sangre, pero la furia se apoderó de mí y por primera vez en nuestro año y medio de relación le respondí el golpe, con varios puñetazos en su cara, cabeza y cuerpo, lo saqué a la calle a patadas, cerré la puerta y me tiré en la cama a llorar. Minutos más tarde salí en su búsqueda, lo amaba, tenía que recuperarlo, disculparnos mutuamente, esto no debía volver a suceder, así que solo con las llaves de mi casa salí a buscarlo. Nunca había llegado tan rápido, para ahorrar tiempo tomé un atajo el cual suelen esquivar las personas por su peligrosidad, pero en ese momento no me importaba y en realidad, no tenía nada que pudieran quitarme. Al llegar a su casa miré por la ventana buscando luz, estaba todo a oscuras, así que decidí ...
... tocar la puerta, esperé y golpeé más fuerte, estuve así 20 minutos. Supuse que podría no haber llegado aún, haber partido donde una amiga o a lo mejor llegué muy rápido así que me senté en la acera a unos 20 metros de su casa para esperarlo. Al pasar los minutos los espasmos en mi cuerpo eran cada vez más fuerte, el frío era ya incontrolable así que me preparé para levantarme y volver a casa, de seguro habría partido donde algún amigo, ya no me importaba, el frío me había hecho enojar nuevamente. —Socio, qué anda matándose de frío —un hombre me habló mientras caminaba hacia mi. —Amigo, tiene un cigarrito que nos regale —otro hombre a dos pasos más atrás. «Mierda, me van a asaltar» pensé mientras se tensaba mi cuerpo. —O alguna moneda pa' comprar alguna cosa —retomó el primero. —No “hermano”, no tengo na' —hablando lo más callejero posible para no levantar sospechas de mi miedo, mirando hacia el piso. —Bueno, cuídese amigote, se va a resfriar así como anda. —Sí, ya me voy, gracias— pasaron. Siempre he sentido que soy muy arriesgado, iluso o simplemente estúpido, pero ese sentido autodestructivo me hizo pararme y caminar tras los dos hombres que me había hablado. Escuché su forma de hablar y los reconocí, el primer hombre era más alto, tenía una gran espalda, vestía una sudadera como la mía pero color blanco y jeans azules, el otro era un poco más bajo, pero aun así más alto que yo, su cuerpo era más robusto, usaba una gorra de béisbol, un suéter rojo y ...