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Las manos de mi madre
Fecha: 14/07/2023, Categorías: Incesto Autor: eskrytor, Fuente: CuentoRelatos
... por su excelente estado. Se me vino la imagen de la noche anterior. Mi madre de espaldas hacia mí con sus nalgas abultadas y apretujando esa prenda ahora colgada ante mis ojos. Olía a limpio y aun estaba algo mojada. No hacía mucho había sido lavada a manos para no dañar los encajes seguramente. Me preguntaba con interés inusitado qué prenda tendría puesta ella ahora que ya tomó ducha. Me resultaba increíble que por mi cabeza solo pasaran ahora pensamientos obscenos para con mi propia madre, pero eran inevitables y cada vez más intensos y diversos. Cada paso me abría nuevas curiosidades y me hacía explorar nuevos horizontes de morbo y fantasía. Después de almorzar, estuve divagando en pensamientos obscenos. Se me había despertado un cierto apetito sexual inesperado en esta convalecencia. Pensaba en el olor de la vagina de María, una exnovia a quien le obsesionaba el sexo oral. Por ratos fantaseaba con Sonia, la novia de mi amigo Ernesto, quien era una chica sensual aunque no bonita ciertamente. Fantaseaba con la profe Marta de matemáticas de rostro bonito y grandes senos y con la tía Patricia de mi amigo Miguel, una señora también bonita gordita blanca de grandes ubres y culo redondo que gustaba mucho vestir con faldas cortas. Imaginé varias situaciones sexuales y eso expandía mi imaginación a límites eróticamente insospechados. Estuve largamente recreando en mi cabeza embriagada de deseos que la profe Marta y la tía Patricia estaban conmigo en una cama haciendo un trío ...
... y que además entre ellas había un voraz sexo lésbico incluido. Todos esos pensamientos cobraban fuerza a medida que avanzaba la tarde y mi pene se endurecía a ratos según lo intenso y vívido de cada escena imaginada. Entonces hubo una de esas conexiones de raciocinio raras que se meten de intrusas en la cabeza cuando uno menos lo espera. En medio de esa escena de sexo imaginada, me di cuenta que esas dos mujeres, Marta y Patricia, recreadas en mi mente desnudas y devorándome, eran dos señoras casi de la misma edad de mi madre y además de eso, ambas muy parecidas físicamente a ella. Un poco gorditas, de esas que lo han sido toda la vida por naturaleza y no necesariamente por mal comer, de tez clara, de rostros agraciados, curvas pronunciadas, caderas anchas, senos abundantes y traseros generosos. Parecía algo banal, pero fue un para mí en ese instante hallazgo fascinante y revelador que generó pálpitos en mi corazón. Tal vez en realidad y en el fondo, yo simplemente y de manera inconscientemente deseaba a mi propia madre y me era menos culposo reproducirla en otras mujeres parecidas a ella, tales como Marta y Patricia quienes a su vez tenían su encanto propio. Esta convalecencia y el estar cotidianamente desnudo frente a mi madre habían hecho sacar ese deseo prohibido del fondo de mi psiquis. Entre esas cavilaciones me quedé dormido sentado en una mecedora pegada a una ventana que daba hacia la calle. Mi mamá me despertó. Tal vez había pasado una media hora desde que me ...