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Las manos de mi madre
Fecha: 14/07/2023, Categorías: Incesto Autor: eskrytor, Fuente: CuentoRelatos
... era por y para ella. Tuve tantas ganas de masturbarme, pero me era imposible. Una hora y quince transcurrieron cuando sentí a mi madre abrir la puerta. Me preguntó si yo estaba bien y sintió mucho haberse demorado. Le dije que no pasaba nada, que yo no había necesitado de nada durante ese momento. -Ahora sí, ven vamos a que te duches, en una hora llega tu hermano y debo apurarme a prepararles cena. No supe bien porque. Pero deseaba ahora tanto ese momento a pesar de que yo sabía que no me atrevería a nada. Pero deseaba eso. Estar desnudo frente a ella y sentir sus manos. Ella se quitó la ropa de salir y se colocó una blusa blanca de tirantas y un short de algodón cómodo que dejaba sus muslos desnudos. También se apretaba mucho a su cintura e inevitablemente le dejaba bien dibujada du vulva. Era curioso que yo mirara ahora esos detalles que antes ni prestaba atención a pesar de que siempre estuvieron allí. Todo lo hacía con discreción. Mucha naturalidad de mi parte. Me desnudó ya en la cabina de la ducha. Alcé los brazos y comenzó la fiesta. El agua mojó mi cuerpo y en un par de minutos otra vez sus manos, sus suaves manos recorrieron mi espalda, mis nalgas y mis piernas con esponja y jabón. Ella hablaba de su vuelta al banco y yo apenas si podía prestarle atención, más bien concentrado en la rica sensación de sus manos en mi cuerpo. Desde atrás, sin girarme hacia ella, sentí su mano pasar por mi pelvis, mis testículos y mi pene. Lo enjabonó con suavidad y ...
... agilidad para no demorarse mucho y lo peló despacio para lavarlo. Sentí su mano tocar mi sensibilidad y cerré los ojos. Terminó esa zona y se concentró en mi cabello. Fue imposible no tener una erección aunque leve, pero sensiblemente visible. Me asusté e hice un esfuerzo para que eso se apagara mientras ella aún aplicaba mi champú en mi cabello. -Voltéate por favor. Me hice el que no escuché y seguí de espaldas solo para ganar tiempo, pero ella insistió y me hizo girar tomándome con cuidado del brazo. Mi erección había cedido un poco afortunadamente y al parecer no la notó. Pero su cara bonita, sus labios pintados de rojo, su perfume, el busto casi desnudo por las tirantas mal acomodadas, todo me resultaba tremendamente erótico. Y torpemente mi erección recobró algo de vida. La punta de mi pene topó con su abdomen y a pesar de que ella estaba concentrada en lavar bien mi cabello, al sentir mi glande rozar su panza su mirada se lanzó de inmediato hacia abajo para buscar el elemento que tocaba su cuerpo. Miro hacia abajo, alzó su mirada y clavó sus ojos marrones dilatados en los míos. Eran ojos interrogantes, sorprendidos, despiertos, emocionados, condenadores, extrañados, profundos, pero serenos. Yo no tuve aliento para musitar palabra. Una avalancha de vergüenza me inundó. Esquivé su mirada mirando como mi pene me traicionaba cobrando para mi sorpresa más erección aún. Volvió a mirarlo. -Hijo, creo que estas muy necesitado. Pero dime una cosa honestamente. ¿Se te puso ...