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¡Te voy a romper el culo, pecadora!
Fecha: 22/07/2023, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
Don Luis, Lucho para los más íntimos, era un cura cincuentón, moreno, delgado, de estatura mediana y no era feo. Vivía en una casa parroquial de dos plantas en un pueblo gallego. El cura hacía de todo para sus feligreses, desde cerrajero a carpintero pasando por albañil, y por supuesto lo hacía gratis, por eso decían las viejas que era un santo, pero de santo no tenía nada. En frente de la casa del cura, en una casa de una planta vivía Marta, una mujer a la que abandonara su marido. Tenía 42 años y estaba maciza, era madre de un hijo y una hija, el hijo, Leandro, era flaco y desgarbado. Luisa estaba maciza cómo su madre, era bonita y al cura le gustaba. La muchacha lo sabía y jugaba con él, por eso al confesarse le decía con su melosa voz cosas como esta: -... He vuelto a pecar, padre, ahora ya no me masturbo dos veces al día, me masturbo tres, mañana, tarde y noche. -Debes controlarte, hija. -Es que ando todo el día caliente, padre, tengo más ganas de polla que un niño de pecho de la teta de su madre. -¿Te arrepientes? -No me arrepiento de nada, ni de chuparme los dedos después de correrme... -No me des detalles, Luisa, no me des detalles. -¿Lo excito? -¿Tú que crees? -Que sí, y eso que no le conté nada del polvo que me echó Olivia. -Ni quiero que me lo cuentes. -¿Cómo me va a absolver si no sabe lo que hice? -Dios lo sabe todo. Reza diez padrenuestros y diez avemarías. -¿Me ayuda a rezarlos? El cura se moría por ayudarla, pero ...
... se aguantaba, sabía que a la larga era más productivo hacerse el difícil, cómo se había hecho con su madre para luego follarla la tira de veces, a ella y a muchas de sus feligresas. Algunas para seducirlo hasta decían tener goteras, y las tenían, pero no en el tejado, las tenían en el coño. Por eso pasó de ella, y le preguntó: -¿Tratarás de no pecar? -No puedo, soy adicta a mis jugos, solo una polla hará que deje de masturbarme y de follar con Olivia. Al verla arrodillada ganas le dieron de salir del confesionario y meterle la polla en la boca, pero le dijo: -Ego te absolvo. -¿No quiere que le cuente más cositas? -¡Vete! Vete que me vas a hacer salir del confesionario, ponerte en mis rodillas y calentarte el culo. La muchacha era traviesa de cojones. -¿A braga quitada, padre? -Que te vayas he dicho, hija del diablo. Luisa se levantó y se fue sabiendo que lo dejara bien caliente. Al día siguiente Marta y sus hijos habían ido de compras a la ciudad. El cura metió una ganzúa en la puerta trasera, entró en la casa de Marta y fue la habitación de Luisa. Miró en la cesta de la ropa sucia y encontró unas bragas blancas con flores rojas que tenían jugos de una corrida, las olió, después sacó la polla, una polla normalita, tirando a delgada y puntiaguda en la cabeza. Pasando su polla por los jugos y envolviéndola con las bragas se hizo una paja pensando en Luisa y las dejó perdidas de leche. Por la noche Luisa removió la ropa del cesto de la ropa ...