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Mamá-da
Fecha: 30/07/2023, Categorías: Incesto Autor: LilithDuran, Fuente: CuentoRelatos
... aunque estas desaparecieron cuando se cerraron en torno a la goma del tanga. Subió esta hasta el límite de la rotura, donde pude percibir como debajo de la tela dos labios bien marcados me saludaban con una graciosa humedad. Mi pene ya llevaba tieso desde el amanecer, pero viendo el beso que me mandaban sus labios vaginales, dio un respingo también a modo de saludo. Mi madre no soportó ver ese curioso movimiento arriba y abajo. Sonrió al tiempo que soltaba las gomas y el chasquido sonaba similar al de un látigo recorriendo todo el cuarto. No cesó allí su movimiento ardiente, sino que tenía un objetivo muy superior. Desde pequeño me han encantado los pechos, siempre es lo que más me ponía de las mujeres y ahora que por fin pude obtener a mi madre lo entendí. ¿Cómo no me iban a gustar? Los pechos de mi progenitora eran perfectos, grandes y gordos, duros y esponjosos, ni un artista podría haberlos moldeado mejor en una escultura de mármol. Sentí envidia de sus manos cuando llegaron a estos y trataron de taparlos con toda la extensión de sus dedos, no podían, era imposible. Los pezones se filtraron por la abertura que quedaban entre las falanges, deseaba comérmelos. Apretó… mucho… hasta tal punto que mostró de forma ardiente unos dientes apretados que siseaban como una serpiente dentro de su boca. No podía mantener la cordura, no pensaba en su felación, quería penetrarla, aunque por cómo estaba, duraría un minuto… pero ¡qué minuto! Dejó de contonearse para mí. ...
... Demasiado espectáculo, no me merecía tanto y si lo merecía, no era recomendable, ya me salía humo por las orejas, debía empezar. Estaba comenzando a impacientarme, no por su culpa, sino porque mis ganas de que se metiera mi pene en la boca desbordaban. Sin embargo empecé a ver la luz. Primero una pierna y después la otra se arrodillaron sobre el cojín que amortiguaba el roce con la alfombra. Aunque el pensamiento de que no le sería muy necesario pasó por mi mente, pronto acabaría. Ambos índices me los clavó en las rodillas. Empujó con ganas alejando una pierna de la otra, dejándome totalmente expuesto para lo que pretendía hacer. Apretó con todos los dedos por encima de mi rodilla, sentí que las dos manos hacían una tenaza de la que no podía soltarme… ni se me hubiera ocurrido. Ella acercó aún más su cuerpo, solamente unos pequeños pasos con sus rodillas haciendo que con tal cercanía, uno de sus pechos se moviera y golpeara sobre mi capullo. Sentí el cielo y el infierno en el mismo lugar, el placer era indescriptible, solo con su roce había sido maravilloso, pero el calor que mi cuerpo producía no era sano. Sus manos recorrieron mi muslo mientras sus ojos verdes se fijaban en los míos sin parar. Su movimiento era lento, pero sentido, similar a una masajista haciendo bien su trabajo. Sus pulgares se metían entre mis músculos dejando una marca blanca que en unos segundos se convertiría en roja, el mismo color que el fuego. Estaba muy cerca de mi zona pélvica cuando ...