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Mi prima se viste de novia (Capítulo 15)
Fecha: 01/08/2023, Categorías: Incesto Autor: Usuario PsyExA, Fuente: CuentoRelatos
... almeja. -Amor. Por favor, te lo pido. Hablemos, nada más. Tengo el corazón roto. –insistió el pelotudo. Sin saber que, Julia, tenía otros planes en la cabeza en ese momento. Ni que su novia lo que tenía roto, era el culito. Cuando volvió a repetírselo, le toqué el hombro y le dije que se vaya. Que no joda. Que no me haga enojar al pedo. Que no arme quilombo y que ni se le ocurra volver a molestar a mi prima. Hice énfasis al explicarle que si no se iba, esto iba a terminar muy mal. -¡Dejame, Rodrigo! Dejame que estoy hablando con mi novia, no con vos. –me respondió, esnifando aire y sin mirarme, como un completo esquizofrénico. O un flaco abandonado, perdiendo al amor de su vida.– No te metas, que no te interesa. Pero si me interesaba. La felicidad de Julia me interesaba más que cualquier cosa en la vida. Una vez más, ya perdiendo la paciencia, le insistí para que se vaya, para que deje de romper las pelotas. Pero no pude terminar ni siquiera la primera oración. Fabián me dio un puñetazo ...
... en la cara, con la mala suerte de que uno de sus nudillos me llegó a golpear el ojo. Mientras tenía la percepción de un flash en la pupila, recordé un viejo pensamiento que tenía en la adolescencia: si alguien, alguna vez me golpeaba primero, ojalá que me deje tumbado, inconsciente, o directamente muerto. Porque sabía bien que si lograba levantarme y recuperarme del golpe, el que terminaría muerto sería él. Me conocía demasiado bien a mí mismo cómo para saber que sería imposible contenerme de molerlo a trompadas, de no frenar hasta, al menos, desfigurarle la cara. Luego sentí que todo el bar se quedaba quieto, incluso hasta tuve la sensación de que la música había sido apagada de repente. Que todos estaban mirando lo que ocurría y Julia no podía cerrar la boca del asombro. A veces, cuando me devoraba un monstruo negro, una locura homicida, sentía lo mismo. El puñetazo de Fabián me dolió, no puedo negárselos. Pero no me noqueó. Es más: no tardé ni dos segundos en recuperarme. Continuará...