1. Entre la viudez y el deseo (1)


    Fecha: 28/08/2023, Categorías: Confesiones Autor: hotmom, Fuente: CuentoRelatos

    ... si yo tenía una nueva relación no me juzgarían. Pero no se los dije. Me hacía sentir muy a gusto la compañía de este hombre, me hacía reír mucho y eso relajaba el ambiente. Me sentí culpable cuando nos besamos por primera vez en un restaurante al que fuimos a cenar, sin embargo, con el paso de los días y de la convivencia lo fui superando. Todo eran besos y abrazos, hasta que en una ocasión me invitó a su casa, sabía porque lo quería, pero no me sentía preparada. Aceptó mi negativa y no insistió más. Eso me agrado de él, pues no me presionaba. Cuando cumplimos tres meses de salir me invitó a cenar a un restaurante. Yo me vestí con un vestido negro, un poco corto y cuando me vio quedó impactado, pues siempre me había vestido conservadoramente cuando nos veíamos. Debo decir que tengo muy bonitas piernas, por herencia y por el ejercicio que hago. Además soy alta, blanca, ojos color miel y el cabello rojizo. Esa vez, además de besarnos, llegamos a un poco más. Por ejemplo, sentí cómo una de sus manos buscaba acariciar mis piernas y yo se lo permití, me gustó la suavidad con que lo hizo, para después acariciar el interior de mis muslos y dejar su mano allí. Era una experiencia distinta, nueva, se la quería retirar pero me estaba gustando. El ambiente era propicio pues estábamos a la luz de las velas y todo era muy íntimo. Luego, nos juntamos más y empecé a acariciar una de sus piernas, y sin querer sentí su miembro. Estaba nerviosa. Lo tocaba discretamente y luego un poco más. ...
    ... Tenía un poco de pena. Después nos separamos u y empezamos a cenar.
    
    Nos dábamos uno que otro beso, mirándonos a los ojos. Hubo un momento en que él fue al baño y ya de regreso no pude evitar mirarle la entrepierna y detener mi mirada en su bulto. Ya sentados él volvió a acariciar el interior de mis muslos y yo acariciarle su pierna y de vez en vez tocaba su miembro. Hubo un momento en que pretendió acercar sus dedos a mi vagina y no lo permití, me dio pena, pues a pesar de mi edad estaba húmeda y me estaba excitando. Terminamos de cenar y nos retiramos. Cuando esperábamos que el valet parking nos trajera el auto me abrazo por detrás y sentí su miembro en mis nalgas. Me gustó esa sensación después de tanto tiempo, sentir en mi trasero un miembro, pero éste lo sentía muy grande, demasiado grande y muy duro.
    
    Ya en el automóvil nos dimos algunos besos y también me seguía acariciando con su mano mis piernas y el interior de mis muslos, hasta que hubo un momento en que, con innegable maestría, acercó sus dedos a la orilla de mis calzones, los hizo a un lado y buscó sentir mi humedad. Para eso bajó la velocidad del auto. No pude resistirme y deje que sus dedos empezaron a acariciar mi clítoris. Lo hacía con una delicadeza y paciencia que provocó el despertar de esa sexualidad que había permanecido casi muerta. Lo hizo de tal forma que no tuve problemas en tener un orgasmo, recuerdo haber gemido y no dejar de moverme.
    
    Ya estábamos por llegar a mi casa y en ese breve trayecto le ...