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Historia: mi primera amante era de 36 años y yo de 20.
Fecha: 13/05/2022, Categorías: Sexo con Maduras Tus Relatos Autor: yang, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... le voy a quedar mal, le daré el mejor masaje de su vida-, ella se sonrió por fin, -pero si eres muy jovencito, eres un niño apenas-, me dijo ella. -No señora, tengo 20 años y desde niño sé el oficio, si usted me permite-. Ella aceptó por fin. Me sentí en el cielo. Solo me pidió que me volteara, que se quitaría la bata, se acomodó en la mesa boca abajo, ella misma se puso una toalla pequeña sobre sus gluteos. El corazón me daba latidos fuertes, la mujer de mis sueños húmedos estaba acostada solo en bragas en una mesa de masaje frente a mi. Me temblaban las manos, pero empecé por los pies mientras me tranquilizaba, el masaje era relajante y reafirmante, era lo que había solicitado. Asi que tomé aceite tibio y se lo puse en los pies, tenía unos pies preciosos, largos pero delgados, con sus uñitas bien pintadas de color pardo. Para lo que conocemos los pies y tenemos ese fetiche, era como acariciar los senos de una mujer, así que acaricie sus pies mientras los masajeaba, ella de todos modos no notaría la diferencia. Cómo quise chuparle los pies o lamerlos, pero claro que no era posible en ese momento. Luego seguí por la pantorrillas, al fondo podía verle como el hilo dental pasaba sobre su rajita, seguro estaba bien depilada de allí. Mis manos seguían dándose ese agasajo, mi verga iba poniendose dura, pero tenía que ocultarlo, eso podía provocar el enfado de ella. Le abrí las piernas, pero le pedí permiso antes, luego agregué más aceite, le puse mucha dedicación ...
... al masaje. Al abrir sus piernas también tuve mejor acceso visual a su rajita, ooh dios!! pensaba. De sus muslos, me salte su parte trasera y me fui a la espalda, la señora tenía una bella espalda, bien definida, cosa que me decía que ella frecuentaba el gym, le seguí dando el masaje, como dije me estaba esmerando mucho. Se lo hice en el cuello, los hombros, costados, pero era dificil evitar acariciarla y aveces no podía diferenciar cual era cual, pues ella era mi amor platónico. En un par de ocasiones ella se quejó, -Uyy chico, me estas poniendo nerviosa!-, -qué me estas haciendo chico?-. Entonces regresaba estrictamente al masaje. En algún momento pensé que se levantaría y se marcharía y aqui termino todo incluso mi trabajo, pero no, no pasó. Ahora me tocaba sus gluteos. Quité la toalla, sus nalgas no tenían ni un centimetro de celulitis, eran nitidas. Le puse aceite y comencé a masajearlas, primero con cuidado, despacio y suave. Pero, ella me dijo -más fuerte chico!-, entonces me puse a masajear y apretar más fuerte, sus carnes eran duras, casí igual a la erección que ya tenía y que tenía el cuerpo caliente, estaba muy excitado, pero no podía detener el masaje, sería peor. Le abrí sus muslos y pasé mi mano por encima de su rajita, eso haría una masajista con cuidado. Lo hice una vez, ella no dijo nada, lo hice una segunda vez ahora más fuerte, ella no dijo nada. Así que tomé más confianza. Pensé, ahora todo o nada. Le puse la toalla de nuevo sobre sus ...