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Morbo entre hombres
Fecha: 10/06/2022, Categorías: Gays Tus Relatos Autor: Serafín, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
Capítulo uno El señor Lagos Dormía junto a la habitación de los jóvenes Lagos. Yo un adoptado de la calle, educado entre una familia apoderada y con los mejores patrones de conducta. No era de esperarse ninguna clase de sorpresas sino solo, todo lo bueno que pudiera pensarse. Rayó el alba, y desperté, salí de mi cuarto y vi al señor Lagos, que se había quedado dormido en el sofá de la sala de estar, pero estaba en calzoncillos o truza, y me di cuenta, porque tenía una sábana, ciertamente, pero se había desarropado, y la tenía tras sí. Tenía el muslo izquierdo elevado y formando junto a su pierna, un triángulo que fue opacado a mi vista, en segundos por unos gruesos y ordenados, vellos castaños oscuros que con sus giros adornaban toda esa pieza de arte, denominada pierna. Y en el otro extremo a medio tapar estaba la pierna derecha, la que a la altura del muslo y por un pequeño filo del calzoncillo dejaba ver vellos púbicos del señor Lagos, salirse de su cálido escondite. Entonces sentí la necesidad de estar bajo su abrigo, entre sus brazos y entre sus piernas, y que su voz ronca, me dijera: te tengo a salvo. Que más podía pedir este huérfano. Lo vi traslúcido, me llamó con la mirada y yo entré en su regazo, su manta era de lana de ovejas, y fui abrigado a mi deseo. Pero en ese momento, algo me dejó helado, su bulto se apresuró a mis nalgas, entonces percibí su erección, y luego la mía, me respiró al oído y me dijo: Buenos días. Desperté de mi sueño, ...
... mientras estaba parado frente al señor Lagos , y él sonriendo, bajó su pierna y se sentó, aún dejando ver su bulto y su calzoncillo color blanco. Yo respondí casi disimulando: Buenos días Señor La la Lagos. Tartamudié con timidez. Otra vez aquel hermoso señor robusto y varonil, me lanzo una tierna sonrisa. Me dijo siéntate aquí, quiero hablar contigo. Me senté y se paró con un gesto de alguien que se olvida y apresura a corregir su error. Fue y paró la cantina de agua, supuse, para hacer café o té. Ni bien terminó la pequeña faena, volvió y sentándose junto a mí, me abrazó, diciendo en voz de mimo y arrullo: ese churrucutito, le hace falta, su padre, no necesita el amor de nadie más, venga mijito. Yo pensaba en mí: será? Y lo miré mientras me dejaba llevar a su apapacho. Recuerdo a ver visto su bigote con canas y sus labios rosando mi mejilla, y: qué cálido (Pensé). Recordé que siempre que el señor Lagos me hablaba, siempre le miraba a los ojos y luego mi mirada se deslizaba hacia sus labios, no sé, pero me gustaban, esa sonrisita viva, y esos dientes muy bien alineados, o el aroma que salía de su boca me tenían encantado. Cuando sonreía era lo mejor que yo podía ver. Tenía un sobrino llamado Duquernay, le decía el Duque por ello. Dos hijos de sangre con su amada esposa, quien había partido hace años atrás a la presencia de Dios. Para ser un viudo, el señor Lagos, se mantenía joven y lleno de vida. Era un famoso y buscado psicólogo familiar, y trabajaba en casa con ...