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El Cliente de mamá
Fecha: 15/04/2023, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: Jos Lira, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... Erik —me contestó Alex un tanto fanfarrón—, que no se trata de dinero como quiero que pagues el favor de conseguirte el celular por una noche, sino… más bien tu intercesión para obtener un servicio. No entendí a lo que se refería, por eso se lo exigí: —Escúpelo ya, Alex, carajo, que no tengo tiempo para tus bobadas. ¿Qué es lo que quieres? —Quiero que convenzas a tu puta, esa tal Astrid, para que folle conmigo mañana que es mi día de recibir “putivisitas”, y te prometo que si lo consigues, mañana mismo por la noche tendrás el celular. *** No sé cómo lo hice, pero después de pasarme buena parte de la madrugada insistiéndole a Astrid para que se acostara con el pendejo de Alex, finalmente lo conseguí, aunque no fue fácil. Astrid al principio se mostró molesta: más que molesta indignada, pues Alex ni siquiera le gustaba físicamente ya que lo consideraba “una jirafa andante sin gracia”. Me tildó de farsante, de no hablarle claro, de estar urdiendo una artimaña contra ella para hacerla follar con otro y así luego yo tener un motivo para echárselo en cara en el futuro hasta alejarla de mí. Creo que al final se compadeció cuando le conté el tema que tenía con mi madre y el motivo por el cual yo necesitaba que me hiciera ese favor especial. De todos modos la petición de Alex me pareció la peor bajeza que se le puede hacer a un “camarada.” Quedé muy decepcionado de él y sin decirlo tomé la decisión de mandarlo a la mierda a partir de entonces, pero ...
... de momento tuve que hacer de tripas corazón pues de verdad necesitaba el celular. —Aquí lo tienes, Erik —me dijo esa noche con una sonrisa perversa en el rostro, entregándome el aparato—. Guarda el celular y cuídalo bien, ¿vale?, que ya mañana discretamente me lo regresas. Y, por favor, que no te lo vayan a descubrir, ¿quieres? —Descuida, Alexito —respondí con frialdad. Cuando mi supuesto amigo ya se iba de mi cuarto se detuvo en la puerta y me dijo: —Por cierto, Erik, ya tengo a tu puta esperándome a cuatro patas en mi habitación. Espero que te dejemos dormir esta noche, colega. Nadie va a creerme mañana que después de todo Astrid no te era tan fiel a ti. —Odié su estúpida cara de imbécil y de envidioso que me dedicada. Cómo no me di cuenta antes de la clase de alacrán que tenía por amigo—. Sin resentimientos, colega, ¿vale?, que es probable que a partir de mañana tu famita de macho alfa de la manada se terminará gracias a mí. —Descuida —le dije con los dientes apretados. —Hasta mañana, Erik. —Púdrete, Alex —le dije, pero no me oyó. Tuve unas putas ganas de desfigurarle la cara a trompadas a este perro desgraciado como nunca antes, superando incluso las ganas que tenía de arrancarle la cabeza al Almirante Fábregas. Pero como digo, tuve que apechugar. Mi madre lo valía. Al poco rato los exagerados gemidos de Astrid, mi Astrid, empezaron a escucharse hasta mi cuarto. Ahí comprendí que después de todo mi puta favorita no me había perdonado del todo. ...