-
El Cliente de mamá
Fecha: 15/04/2023, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: Jos Lira, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... amo. —Yo también te amo —le dije—, y aunque tú lo niegues, este “soldadito de plomo” sabe bien que estás triste por algo, y me gustaría que me dijeras qué pasa, para poder ayudarte. No me siento bien sabiéndote infeliz. —Qué bien me conoces, mi soldadito de plomo. Porque tienes razón… no estoy bien. Y por eso no sabes cómo quisiera poder verte, Erik. Tantos meses sin besarte ni abrazarte, mi vida. —Yo también te extraño, madre, y ahora que me confirmas que no estás bien, me pregunto si tu infelicidad tiene que ver con papá. ¿Es que te ha gritado? ¿Te ha golpeado… te ha…? —No… Erik, tranquilo. Roberto no me ha hecho nada de esto durante los últimos seis meses, ¿y sabes por qué? Porque hace seis meses que se fue de casa. Su respuesta me dejó perplejo y con la boca seca. “Más duro, Alex, más duro, hooh, sí, sí…” —¿Cómo que se fue? ¿A dónde? ¿Por qué no me lo dijiste antes en alguna nota? ¡Dime qué ha pasado, madre, por favor! —Me gustaría poder… contártelo, hijo, pero no por teléfono. —Sabes que es imposible comunicarnos de otra forma —le recordé—, ¡esta es la única manera que tenemos para hablar! Y Akira volvió a echarse a llorar. Y me partió el corazón en mil pedazos. Pocas veces la había oído en ese estado tan lamentable, y no estaba preparado para lidiar con todo eso. —¡Quisiera tanto verte, Erik! —sollozaba, mientras Astrid seguía gimiendo al otro lado de mi cuarto—. ¡Tocarte… que me digas que me quieres! ¡Quisiera tanto abrazarte, ...
... hijo! ¡Que me digas de frente lo mucho que me amas! —Carajo, mamá, te juro que yo no tengo el corazón para abandonarte en estos momentos. Me siento tan mal que hayas tenido que padecer este sufrimiento sola. —No es tu culpa… —¡Iré a verte, mamá, mañana mismo me escaparé de aquí y…! —¡NO! ¡NO! ¡NI SIQUIERA LO PIENSES! —gritó ella. —¡Pero madre… tú misma me estás diciendo que me necesitas a tu lado! —Sé… yo sé que todo esto suena contradictorio, Erik, pero no voy a consentir que veas truncados tus sueños por mi culpa. —Eso ya no me importa, madre. Me importas tú. —En tal caso… no sé, hijo… debe de haber otra forma para vernos sin que te sancionen… ¿pero cómo? Y entonces, mientras escuchaba gemir a la puta de Astrid… tuve una idea tan arriesgada como descabellada, incluso morbosa… pero en cierto modo, casi irrealizable. —Mamá… a lo mejor habría una manera… de vernos… el día quince de este mes… incluso… incluso con la posibilidad de que te quedaras conmigo… toda la noche… En ese momento mi madre pegó un grito de felicidad. Un grito que era probable que tuviera que tragarse cuando le dijera lo demás… —¡Por Dios, Erik! ¿De verdad podría verte el día quince? ¿Cómo no me lo dijiste antes? ¡Solo faltan tres días para esa fecha! ¿De verdad podría verte? ¿No me estás bromeando? ¿Cómo decírselo, carajo, cómo mierdas decírselo sin morirme de vergüenza? “¡Ensártamela toda, papi, azótame el culooo!” —Mamá… yo… —¡Erik, por Dios, no juegues así ...