1. El Cliente de mamá


    Fecha: 15/04/2023, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: Jos Lira, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... golfa se corrió un montón de veces toda la noche!
    
    —Cómo la hiciste correrse y gritar, cabrón, eres un puto crack —me siguió halagando Francisco, que agarraba sin mi permiso las bragas negras que Astrid me había dejado junto a mi almohada y se las llevaba a la nariz para olerlas—. Te lo juro que me das una envidia que no te cuento.
    
    —Joder, Erik —interrumpió de pronto Alex—, que la puta te ha dejado marcas en el cuello.
    
    —¡Y en las piernas… en tus abdominales… no me quiero imaginar más abajo!
    
    —¡Ya, ya, cabrones —los corrí de mi cuarto—, que me tengo que cambiar y arreglar todo este desastre!
    
    Y ellos salieron a carcajada abierta, diciéndome algo sobre “no cabe duda que los más serios son los más guarros, Erik.”
    
    Y como esa noche, en cada fecha en que me tocó mi “visita personal” se repitió la misma escena con esa hermosa milf en mi cama. Los pervertidos de Alex y Francisco se quedaban hasta tarde oyendo los gritos y berridos que yo le sacaba a Astrid, y al amanecer irrumpían en mi cuarto para ver las corridas que ella dejaba en las sábanas de mi cama, las marcas que me hacía en el cuerpo, y las bragas que me dejaba de recuerdo.
    
    Y ella, como toda una experta, me dejaba exprimido de los huevos por un montón de días. Era una gran mamadora de vergas que parecía disfrutar tragándose hasta la última gota de mi leche.  De hecho, lo que más me gustaba de Astrid era su disposición para enseñarme, para experimentar, y para dejarse hacer de todo, hasta el grado de ...
    ... pedirme que le diera por el culito, aun si la tarifa aumentaba.
    
    —¡Todaaaa, Erik, métemela toda por el culo… méteme incluso los huevos!
    
    De todas las prostitutas que visitaban a diario el cuartel (según la fecha que correspondía a cada cadete, pues no se podían juntar más de cinco en una misma noche) Astrid era la que más causaba sensación. Todos se ponían en fila en los pasillos viéndola pasar, admirando sus faldas cortas que enseñaban sus piernas rollizas o sus blusas escotadas que casi enseñaban sus dos enormes tetazas.
    
    Lo mejor de todo es que Astrid solía variar sus oufits en privado, pidiéndome permiso para cambiarse de ropa en el baño, y vaya sorpresa me llevaba yo cuando la veía salir trasformada en toda una puta, con tacones de plataforma altos, lencería provocativa que incluía medias, tangas y ligeros, y un maquillaje fascinante que la hacía lucir muy sexy a la vista.  
    
    Obviamente no desaproveché la oportunidad de hacerla sentarse en mi cara, como me lo había sugerido Francisco, experimentando por primera vez el poderosísimo morbo de sentir su raja empapada mojándome la boca, mientras mi lengua se hundía dentro de su coñito y ella bailaba su culazo sobre mí.  
    
    Los primeros seis meses en mi servicio militar intercalé entre Astrid y otra madurita llamada Natasha que encontré en el catálogo (nunca les pregunté si eran sus nombres reales, pero me imagino que no), sin embargo, ni Natasha ni una tal Viridiana, que contraté después, me hacían sentir lo que Astrid. ...
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