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El Cliente de mamá
Fecha: 15/04/2023, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: Jos Lira, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... Así que la elegí como mi puta de cabecera y no volví a experimentar con otra más. Creo, de hecho, que yo le gustaba bastante a mi encantadora puta (y permítaseme aclarar que si la nombro así es porque a ella le gustaba que la llamara puta, un fetiche particular que la hacía mojarse al instante) porque cuando empecé a probar con Natasha y Viridiana, Astrid se sintió bastante ofendida, al grado de creer que ya no me gustaba. Cuando la volví a contratar a través de correo electrónico (el único medio con el que disponíamos los cadetes para comunicarnos con el exterior) me hizo prometer que sería mi puta exclusiva, y que yo no tendría entre mis sábanas a otra que no fuera ella, y como la verdad su compañía sí me dejaba satisfecho, claro que acepté. Con el tiempo sus putivisitas incluyeron postres y regalitos en el servicio, que ella me dejaba antes de retirarse. Mis camaradas, por su parte, no paraban de envidiarme, porque al parecer mi puta no accedía a follar con ningún otro cadete que no fuera yo, así que el deseo y morbo que creció entre todos por Astrid fue en aumento, teniéndose que conformar con verla recorrer los pasillos del cuartel durante su trayecto hasta encerrarse en mi habitación. —Veo que tienes fans, putita mía —le solía decir mientras yo le follaba sus obesas tetas. —Sé que he generado expectación entre tus compañeros, papito rico, pero sorry por ellos, que esta deliciosa vergota yo no la cambio por ninguna otra —respondía ella, azotándose ...
... la cara con mi duro falo. —Así me gusta, mi hermosa jamona, que me seas fiel —le decía yo con orgullo—. Tú sabes que conmigo no pasarás hambres, así que sigue, puta, cómete lo que tanto te gusta, que esta noche tengo leche para ti hasta para llevar. Lo único que no me gustaba de la experiencia era que al amanecer, luego de mis tórridos encuentros con Astrid, Alex y Francisco instituyeran como rutina entrar a mi cuarto a ver el desastre de las sábanas mojadas producto de una noche de sexo desenfrenado, buscando las bragas que mi puta me había dejado de recuerdo o para admirar los chupetes en el cuerpo que mi jamona me dejaba después de chuparme con desespero. Lo que no me esperaba es que mientras yo disfrutaba quincenalmente la compañía de Astrid en mi cuarto, dando rienda suelta a la cogedera, mi madre sufría en casa por culpa de papá. *** Puesto que teníamos prohibido tener contacto directo con nuestra familia, ya que la distancia se consideraba una prueba fehaciente de que priorizaríamos nuestro espíritu como militar sirviendo a nuestra nación, era imposible hablar personalmente con mi madre y saber cómo estaba. Y de tener celular ni hablar. Estaba prohibido. Lo que nadie sabía era que, a pesar de estas imposiciones tan extremas, entre mi madre y yo habíamos ideado una manera en la que ella pudiera mandarme pequeñas notas de forma recurrente. Nos valimos del derecho que tenían las familias para enviarnos víveres al menos dos veces al mes, para que ...