-
Un atardecer de agosto, un atardecer con mi primo
Fecha: 24/09/2023, Categorías: Incesto Autor: Lara, Fuente: CuentoRelatos
... verdad que caliente no, notaba como mi cuerpo había pasado de los cálidos rayos de sol a la humedad del agua del cuerpo frío de Fernando, pero realmente eso no fue todo, realmente sentía como al forcejear el pene de mi primo empezaba a golpear mis glúteos, notaba como sin querer los dos nos íbamos calentando interiormente poco a poco, que la sinrazón nos invadía internamente hasta que las risas se apagaron, hasta que sus manos se entrelazaron con las mías, hasta que sus labios besaron mi oído y sentía como su pelvis se frotaba con mis glúteos y que yo muy despacio le correspondía, notando como su miembro viril se iba agrandando cada vez más, endureciendo y sacando de mí una pequeña sonrisa cuando me mordía el labio inferior con los dientes. - Fernando, para, para ya. – Susurraba sin apenas convicción, sin que yo misma me lo creyera, sin que mi cadera se empezara a mover de un lado a otro levantando mi pelvis empujando su pene contra mí, sintiéndolo tan duro, tan rígido. - Lara, ¿seguro que quieres que pare?, si es así me quito, si es así deja de apretar mi mano – Me acababa de desarmar, acababa de darme el poder de seguir o parar, seguir hacia una locura incierta pero que deseaba, o parar y hacer como si nada hubiera ocurrido, que ganara la razón sobre la pasión. - Tengo frío, además alguien puede vernos, - No le dije que si, pero tampoco que no y Fernando seguía rozando su pene sobre mis glúteos y dejando de entrelazar nuestros dedos de la mano izquierda, acerco ...
... una toalla enorme y de un golpe nos tapó a los dos de arriba abajo, mimetizándonos con la arena de la playa. - Así mejor Lara. – Me preguntaba sin obtener ninguna respuesta por mi parte, más que el movimiento de mis caderas. Note como la toalla nos cubría de pies a cabeza, la playa que antes se hallaba ante mí se oscurecía, de un solo golpe nos había hecho invisibles aunque solo fuera para las aves que volaban sobre nosotros, porque ya a esas horas la playa estaba desierta. Sentía como en mi interior la lucha había terminado, el deseo había ganado a la razón y notaba como mi vagina se humedecía, como mis manos se aferraban a él con más fuerza que antes y descubría mi cuello para él. - Segura Lara, estás segura de lo que vamos a hacer. - Y tu Fernando, ¿estás seguro? - Sí, estoy seguro, pero ¿y tu Lara? - Sí, estoy segura. Nada más pronunciar esas palabras habría mis piernas un poco, notaba como su pene salía de su bañador ayudado por su mano y con la misma me bajaba un poco la braga de mi bikini, hasta dejar mi vagina libre de la tela que la cubría, sentía como su pene atravesaba mis muslos y como rozaba mis labios empapando su tronco. Debajo de la toalla se oían los primeros gemidos y de fondo una música perfecta, el batir de las olas, el sonido de las gaviotas al gritar esa letanía aguda y estirada al pasar volando sobre nosotros. No, no estaba preparada cuando sentí como su pene empezaba a deslizarse dentro de mí, un grito sordo amaneció entre las ...