1. Rocío, la mamá calentorra con ganas de sexo


    Fecha: 12/11/2023, Categorías: Confesiones Autor: quemiedo, Fuente: CuentoRelatos

    ... para largo, Rocío, tiene toda la pinta; mejor llama a casa para evitar se inquieten.
    
    - Me parece una buena idea, voy a llamar a mi hija que estará ya en casa.
    
    Llevábamos en parada alrededor de una hora, la caravana no se movió absolutamente nada. Se estaba echando la tarde, y a pesar de la luminosidad del día, entendía que quedaba poco tiempo de luz.
    
    - Joder, -maldijo mi acompañante- me voy a mear encima, me estoy poniendo hasta mala, no puedo aguantar más, Arturo, ¿Qué hago?
    
    - Esta la cosa chunga –mi contestación– en medio del campo, no hay nada donde agacharte, por si fuera poco empiezan a caer gotas que avecinan tormenta.
    
    - No puedo más, ¡por favor!, ¡No aguantó más! estamos rodeados de coches, me parece muy mal ponerme aquí a bajarme todo, ¿No se te ocurre nada?
    
    Aconsejando abriera tu puerta con la de atrás, entre las dos puertas con discreción aflojase la vejiga. Otra cosa no se me ocurría, bueno miento, cierta amiga en situación parecida así lo resolvió.
    
    Dicho, a continuación se bajó del coche, como la dije, abrió las dos puertas, agachándose a escasa distancia de mí. Desabrochando con premura el ajustado vaquero, dejó bien a la vista una diminuta braguita blanquísima. Tomando postura, al momento podía oír con total nitidez el clásico “chiiisss” con una fuerza potente. A la par empezaron los chistosos de siempre, al clásico toque de pititos.
    
    Era para tocar el panorama, era incitador. Sin subirse la ropa entró de un salto en el coche, ...
    ... cerrando las puertas. Imaginen para subirse la braga y el pantalón, haciendo fuerza en el suelo del vehículo con las piernas, la espalda ejerciendo fuerza contra el asiento, levantando el culo, poniéndose totalmente rígida. En esa posición, por el reflejo del cristal, veía sin truco ni cartón, su pubis acertadamente recortado, no era un manojo anárquico y despeinado de forma salvaje, estaba con esmero, con total delicadeza. De color negro, muy esparcido. Semejaba una almohadilla carnosa tersa y abombada.
    
    Terminando de recomponerse escuche su respiración profunda, aliviada, y profunda tranquilidad del ¡Por fin!
    
    - Estaba pensando que eres el primer hombre que ve mi coño de mujer, sin contar al ginecólogo y mi marido, menudo sofoco he pasado. Júrame que no contaras nada.
    
    - El mirar tu sobaquillo inferior ha sido irrefrenable, no he podido dominar el gesto automático de mirar ahí. Me gustó, la verdad, lo tienes como todas, horizontal. Se veía lozano, cuidado, y agradable para la contemplación y el disfrute.
    
    - ¡Hombre!, gracias por el piropo -contestó Rocío- me están dando ganas de bajarme las bragas otra vez.
    
    - No lo impediré –contesté rápido.
    
    Seguíamos parados en medio de la nada, la conversación fue animándose de una manera caliente y provocadora por ambas partes. La situación me gustaba era gratificante para el ánimo y en esa tesitura.
    
    Desconozco la razón, pero nos fuimos sincerando, confesando que ese conejo que había alabado no come los tronchos y tallos ...
«1234...»