1. Rocío, la mamá calentorra con ganas de sexo


    Fecha: 12/11/2023, Categorías: Confesiones Autor: quemiedo, Fuente: CuentoRelatos

    ... el miembro en su mano, acariciándolo inconscientemente con el dedo gordo. Confieso que no sabía por donde tirar, qué hacer conduciendo de noche por una carretera, con una señora que sólo conocía de vista y que agarraba finamente mi virilidad.
    
    Fui disminuyendo la velocidad, que el tiempo fuera aclarando mis ideas e intenciones apelotonadas. En un cruce opte por desviarme de la carretera principal para buscar una secundaria, el hecho la sorprendió apretando con fuerza mi ciruelo, no sé sí de emoción o temor a mi reacción sin avisar con antelación.
    
    Detuve el automóvil en la explanada en una antigua playa de recogida de remolacha. Con cierto gesto impreciso, con mi pulgar e índice masajeé mis ojos diciéndome para mí mismo, que tenía que pasar a la acción. Nunca se debe despreciar la invitación de una señora la mar de buena y apetecible. Apartando su mano de mi chisme, me fui decididamente hasta el botón de su pantalón que desabroché con la toda la destreza que fui capaz. Bajé con decisión la cremallera y con no poca dificultad logré quitarle su jean, dejándola con sus pulcras bragas empezando a meter mi cabeza entre sus muslos con chupetones, presiones, lametones, y mis descontrolados dedos.
    
    Al ratito quité sus bragas mojaditas levemente de sus flujos y poniendo una oreja en cada muslo, la lengua cayó donde debe caer, haciéndola en lo que vienen siendo el clítoris, una faena de aliño que de haberla visto el gran público, hubieran arrancado con aplausos cerrados a la ...
    ... faena.
    
    Su respuesta fue agradecida, desinhibida y cachondona. En la refriega, en un pasaje, levantó su camiseta exhibiendo sus hermosas tetas para que fueran agasajadas como merecían. Pezón largo, redondito, pequeño e circunferencia y muy oscuro, a los cuales agasajé con labios y lamidas de quietud y fuerza repetitiva. Cuando estaba en la tarea fui sorprendido por su respingo total, anunciando que era su orgasmo. Mi bigote chorreaba de sus líquidos. Reposando mi cabeza en su vientre que moje por mi sudor, fueron unos instantes.
    
    Incorporándose de un salto, miró por todos los lados en busca de su braga, estaba en el asiento de atrás, las cuales arrebate con gesto enérgico, metiéndolas en la guantera del coche.
    
    - Son un recuerdo –aclarando el gesto- ha sido un momento único y maravilloso que recordaré hasta el final. Necesito algo material para refrescar el instante que hemos compartido.
    
    - Entiéndelo Arturo –mirándome a los ojos desde la oscuridad-, una señora de mi edad no puede llegar a su hogar familiar sin las bragas, no es decente.
    
    - Ya sabrás buscar la solución si surgiera, creo que no será necesario – aclarando la situación.
    
    Terminado de vestirse, sujetó mi cabeza con las dos manos, agarrando con sus perfectos y blanquísimos dientes mi labio inferior, continuó con un beso profundo, como si no hubiera un mañana. Apartándose sentenció con una frase, una total provocación.
    
    - Nunca he tenido sexo por el chiquito y mis amigas hablan muy bien de él.
    
    No pude ...