1. ¡Préñame, papá, préñame!


    Fecha: 17/11/2023, Categorías: Incesto Autor: Kiko, Fuente: CuentoRelatos

    Este relato como muchos de mis relatos se desarrolla en mi aldea natal, una aldea de menos de cien vecinos donde todos nos conocíamos. Los protagonistas son un padre muy necesitado y su hija, que estaba aún más necesitada que el padre. Él se llamaba Venancio Carlos León y ella Elvira María Antonia.
    
    León era un cuarentón alto, moreno, fuerte, bien parecido y dueño de una zapatería.
    
    Elvira tenía 26 años, se había quedado viuda casi dos años atrás y su padre le pasaba un sueldo mensual por ayudarlo en casa.
    
    Elvira volvía de la tienda de comprar huevos un domingo otoñal en el que sol y lluvia se iban turnando. La lluvia la cogió a medio camino entre la tienda y la casa de su padre. Llegó corriendo a casa con sus largos cabellos rubios mojados y la ropa pegada al cuerpo. Al no llevar sujetador en su vieja blusa de seda negra se le marcaban los gordos pezones de unas tetas grandes con forma de papaya. Puso la huevera y el aceite sobre la mesa, acercó el culo a la cocina de hierro, cocina que calentaba toda la casa, y le dijo a su padre:
    
    -Cuando escampe tengo que ir a mi casa a cambiarme de ropa.
    
    León, que estaba en la cocina sentado en una silla fumando un cigarrillo y tomando unos vinos, le miró para las tetas y le dijo:
    
    -Tienes unas tetas muy ricas, hija.
    
    Elvira se percató de que se le marcaban en la blusa los pezones y las tetas y se puso colorada.
    
    -Nunca me habías hablado así, papá.
    
    -Nunca antes había visto tus tetas, hija.
    
    Elvira bajó ...
    ... la cabeza.
    
    -Deja de mirarme para los pechos.
    
    -Tienen imán para mis ojos.
    
    Tapó las tetas cerrando la chaqueta de lana negra que llevaba desabotonada.
    
    -Deja de decir tonterías.
    
    -¿Te las había follado tu marido?
    
    -No debiste beber de mañana, papá. No eres tú el que habla, es el vino.
    
    Hizo cómo si no la hubiera escuchado y siguió a su bola.
    
    -El agua de la lluvia te debió meter las bragas por el corte del coño -se relamió-. Así mojado...
    
    -¡Deja de decir burradas!
    
    -Es que estás muy rica, hija.
    
    No mentía. Elvira era una ricura de mujer, rubia, de ojos marrones, ni gorda ni flaca, con piernas bien hechas, culo precioso y las tetas cómo ya he dicho.
    
    -Me voy a mi casa aunque sea lloviendo y ya no vuelvo para hacerte la tortilla.
    
    León se apresuró a pedirle disculpas a su hija.
    
    -Perdona, no te digo más burradas. Si quieres puedes secarte con una toalla y coger ropa de tu hermana Eva en el armario de su habitación.
    
    Eva, la otra hija de León y su mujer lo habían abandonado. Las malas lenguas decían que madrastra e hija se entendían en la cama. Elvira le preguntó:
    
    -¿No vas a espiarme mientras me desnudo?
    
    -Yo no espío a nadie.
    
    -Júralo.
    
    -Te lo juro.
    
    -Voy a mirar si me vale algo.
    
    Estaba Elvira desnuda secando la cabeza con una toalla cuando entró su padre en la habitación. Al verlo tapó tetas y coño con la toalla.
    
    -¡Me mentiste, papá!
    
    León caminando hacia ella, le dijo:
    
    -No te mentí, no te estoy espiando, te estoy ...
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