1. Mi primo y su amigo me follan atada por todos los orificios


    Fecha: 16/12/2023, Categorías: Incesto Autor: Caprice, Fuente: CuentoRelatos

    ... caigo, si le dices a ella, en un arranque de sinceridad, algo sobre lo que ha ocurrido y ocurrirá, déjame al margen, porque Denia es una ciudad pequeña y no quiero problemas.
    
    ―Hace tiempo que arrastramos problemas y cada uno va a lo suyo ―dijo con un hilo de amargura.
    
    ―Pues lo que ella desprecia, otras lo aprovecharán, yo en este caso, porque debes ser un rompe corazones.
    
    ―No es tan fácil como imaginas, Sandra, porque la mayoría de las mujeres con las que puedo tener algo, saben que estoy casado y no es cuestión de airear mi vida sentimental.
    
    ―Pues no sufras por eso, Dylan, porque puedes llamarme cuando quieras y nos damos un homenaje en plan, soy la más puta de todas y tú el mayor pervertido.
    
    Esbocé una sonrisa tratando de despertar una en su rostro. Lo hizo y volví a besarlo, al tiempo que alzaba el vientre lo justo para introducir la mano entre la bermuda que vestía. Llegué a su verga y estaba dura como un salchichón.
    
    ―Espero que hayas rellenado el depósito desde que lo hicimos esta tarde ―le dije mientras se la acariciaba―. Mira que no admitiré gatillazos por parte de ninguno.
    
    Dylan soltó una carcajada y plantó sus grandes manos en mi trasero. Las percibí como si tocaran la piel desnuda, gracias a la tela fina de mi pantaloncito.
    
    ―Mejor no sigo, no sea que te vengas antes de tiempo ―le dije forzando una mueca maliciosa.
    
    Me deslicé por su cuerpo hacia abajo, tiré de la bermuda hasta que tuve el miembro a la vista, le di unos besos en el ...
    ... capullo y lo succioné unas cuantas veces, antes de ponerme en pie.
    
    ―Esto es solo un pequeño adelanto ―anuncié―. Ahora vamos con Nacho, que debe estar impaciente.
    
    Le ayudé a levantarse, subió las trampas vacías y regresamos con mi primo.
    
    Dylan le habló de las escurridizas langostas, tal y como acordamos, y yo añadí, bromeando, que eran discípulas del Gran Houdini. Todos reímos y nos conformamos con lo que había, que no era poco, con un menú compuesto por una tabla de quesos variados, otra de embutidos, un bol grande con ensalada de frutas, otro pequeño con pepinillos en vinagre ―que tanto me gustan― y pan en abundancia, acompañando con agua, vino y cerveza al gusto de cada cual.
    
    Después de cenar, mientras degustábamos un exquisito pastel de manzana que había preparado mi madre, los pepinillos seguían en la mesa porque yo era la única que los probó. Entonces se me ocurrió una maldad y me metí gateando bajo la mesa, fingiendo que buscaba un pepinillo caído.
    
    ―Estabas aquí, pequeño travieso ―dije con voz aniñada al tiempo que sacaba la verga de Nacho de su bermuda. Este dio un saltito sobre el asiento y añadí―. Ya no te volverás a escapar.
    
    Dylan era incapaz de contener las carcajadas. Nacho no reía, estaba entregado a la mamada que yo le practicaba.
    
    ―Parece que después de todo, este no era mi pepinillo, porque es demasiado pequeño ―bromeé tras un par de minutos chupando la polla.
    
    La dejé y me fui a por la de Dylan, que no me vio venir porque se mondaba de ...
«1234...7»