-
Mi primo y su amigo me follan atada por todos los orificios
Fecha: 16/12/2023, Categorías: Incesto Autor: Caprice, Fuente: CuentoRelatos
... risa. ―Este pepinillo se parece más al que busco ―dije cuando la tuve en las manos―, pero también debo probarlo para estar segura. La metí en la boca y le dediqué más tiempo y entusiasmo. Había decidido que Dylan sería mi favorito en agradecimiento a su gesto con las langostas, también por mentir a su amigo por mí. Apenas salí de debajo de la mesa, Nacho anunció que me tenían reservada una sorpresa, ―como si yo no lo supiera desde la tarde, aunque Dylan no había especificado cuál era―, y propuso dármela. Yo negué con la cabeza y ellos quedaron mudos, lanzándose miradas de, esta tía está como un cencerro. Les di más motivos para pensarlo cuando salí corriendo hacia cubierta. Pocos minutos después salieron a buscarme, pero no me hallaban por ningún lado. ―Puede que se haya tirado al agua ―dijo Dylan. ―No hagas payasadas, Sandra, que de noche es peligroso nadar ―gritaba mi primo rodeando el casco con la vista puesta en el agua. Con el fin de que no se preocuparan, pues tan solo era un juego, hice un ruido premeditado, el australiano me vio entre la vela recogida en la botavara ―palo horizontal unido al mástil― y me pidió que bajara. ―No pienso bajar porque queréis abusar de mí ―dije conteniendo la risa―. Debéis saber que soy la hija del gobernador más importante en las Américas, del temible Gobernador de las islas Coños Vírgenes. Vosotros sois piratas, también temibles, que me han secuestrado sin pedir rescate, motivados únicamente por el deseo perverso ...
... de hacerme vuestra hasta saciaros. Dentro de lo malo, al menos no sois viejos ni feos, tampoco con pata de palo ni parche en el ojo. No pude contener la risa, ni ellos, que lo hacían a carcajadas. Viendo que Nacho venía a cogerme desde un lado, quise zafarme corriendo, pero Dylan me capturó en el otro, abrazando mi cintura fuertemente desde atrás y levantándome del suelo un palmo. Evité gritar, porque reinaba el silencio de la noche, ―alguien que estuviera a menos de unas millas podría pensar lo que no era―, y patalear demasiado por no lastimar al bueno de Dylan. ―Échame una mano, Nacho, que esta fierecilla está descontrolada ―dijo el rubito en plan, soy una nenaza. ―Nacho, no, por dios te lo pido, también por mis catorce hijos. ―Ya no pude contener la risa―. Porque es el granuja que me pervirtió siendo yo tan joven y desvalida. En una milésima de segundo, cambié ‘granuja’ por ‘mi primo’, parentesco que Dylan desconocía; Nacho le había dicho que solo éramos amantes. Riendo como un chiquillo, mi primo me cogió de los pies y juntos me llevaron al camarote, igual que dos matones de la mafia cargando un fiambre. Allí, a los pies de la cama, ―que ocupaba todo el espacio entre los mamparos de estribor y babor―, Nacho cogió una cuerda de nailon, mientras el otro me sujetaba fuertemente, la pasó por un gancho en el techo, me ató las manos juntas con un extremo, tiró de la cuerda hasta dejarme con los brazos en alto y los pies descalzos bien asentados en el suelo, y ...