1. El sobrino depravado


    Fecha: 05/01/2024, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... ¿Hace cuánto que me está culeando el pendejo? Ya perdí la noción del tiempo, pero tengo la sensación de que su duración es admirable. Más aun teniendo en cuenta la potencia de sus penetraciones. ¿Sus piernas aguantan tanto ejercicio? No hubiese apostado por ello.
    
    Ahora escucho que por primera vez sus gemidos se superponen a los míos. Tira de la cadena, y me obliga ahora a sostenerme solo de mis piernas. Mi cuerpo queda pegado a su torso, mientras me da cortas penetraciones, pequeñas puñaladas que hieren mi corazón, pero que regocijan mi cuerpo. Y por fin la eyaculación, el chorro caliente en mis entrañas. Un chorro casi tan abundante como el primero. Y entonces la sorpresa: mi cuerpo se convulsiona, cada poro de mi ser arde, y un nuevo orgasmo me sacude violentamente.
    
    Caigo rendida sobre la cama. Abro los ojos con mucha dificultada. ¿Acaso me desmayé durante unos minutos?
    
    — ¿No estarás olvidando algo tía? —Alcanzo a oír a Camilo.
    
    Con mucha dificultad me pongo de pie. Le doy la espalda. Me inclino apenas, y siento cómo el semen de mi sobrino empieza a salir de adentro mío. Lo siento deslizarse por la pierna derecha.
    
    Camilo se acerca con servilletas de papel en su mano. Me limpia la pierna, ahí donde está el semen, y lentamente sube hasta mi culo.
    
    — Esto no puede estar bien —dice—. Tener que limpiarte el culo como si fueras una niña. ¿No te da vergüenza?
    
    — No —contesto con sinceridad, pues a estas alturas, después de tanta humillación, ya perdí todo ...
    ... rastro de vergüenza.
    
    — La verdad es que me gustaría quedarme todo el día contigo tía —dice Camilo, y el solo hecho de pensar en todas las locuras que me obligaría a hacer, me generan escalofríos —, pero no sé hasta cuándo, con exactitud, dure esta cosa. Además, tengo que calcular el margen hasta que llegues a tu casa. Con mucho dolor debo decir que es hora de que te vayas. Aunque claro, ya tendremos la revancha.
    
    ¿Por fin era libre? Un triste alivio se adueña de mí.
    
    — Puedes arreglarte un poco en el baño, pero sólo el pelo y la cara —dice mi sobrino—. No quiero que te duches acá. Quiero que vuelvas caminando hasta tu casa, así como estás.
    
    Me acomodo la pollera. Vuelvo a su cuarto, y me pongo el diminuto top. Serían las únicas prendas que llevaría, pues Camilo había hecho hilachas la tanga. Dos prendas que más que vestirme me hacían ver desnuda. Debía caminar quince cuadras con ellas. Qué locura. Me pongo los zapatos y agarro la cartera.
    
    — No vayas a tardar mucho, o me van a dar ganas de cogerte nuevamente —Avisa Camilo desde el cuarto de sus padres.
    
    Me meto al baño. Me peino, y lavo mi cara. Me dirijo a la salida, hacia la libertad.
    
    — Tía —dice Camilo a mi espalda. Mi corazón da un vuelco—. No le dirás a nadie lo que sucedió hoy. ¿Entendido?
    
    — Sí —respondo sumisa.
    
    — De todas formas, en cuestión de algunos minutos olvidarás todo. Si alguien te pregunta cómo estuvo tu visita, les dirás que yo estaba en cama con fiebre, y tú te quedaste a cuidarme un par de ...