1. El sobrino depravado


    Fecha: 05/01/2024, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... pobre estaba enfermo y necesitaba que alguien lo cuide, pues su madre —la hermana de mi marido Eduardo— y su padre, se habían ido a unas cortas vacaciones a la costa.
    
    Camilo vive a kilómetro y medio de mi casa. Fui muy tonta al no usar el auto, y mucho más al vestirme de esta manera. Aunque… así era como tenía que vestir ¿cierto?
    
    Fuerte dolor de cabeza. Mejor no pensar.
    
    Dejo atrás a los adolescentes, pero el viento aún me acerca sus groserías. Siento mis pechos moverse dentro del top. Son demasiado grandes. Los pezones se frotan con la tela constantemente, cosa que me genera un placer culposo, pues temo que alguien note lo duros que se ponen. Siento también mi sexo húmedo debido al roce de la tanga que se me mete adentro a cada paso que doy —y tal vez también debido a las palabras de aquellos mocosos—. Qué locura. Debo controlarme. Debo comportarme como la mujer de treinta y dos años casada que soy. Camilo no debe verme así: además de no usar corpiño, los pezones duros se marcaban en el top. ¿Por qué tuve que vestirme de esta manera?
    
    Conozco a Camilo desde que era un niño. Muchas veces lo cuidé cuando se puso enfermo. Los últimos años estuvimos distantes, pues él estaba muy ocupado llevando su vida de adolescente, pero el cariño siempre estuvo presente. Carina, su madre, me confesó hacía unos días que temía por él, ya que el chico andaba mucho tiempo fuera de casa y ella no tenía en claro en qué cosas estaba metido. Le dije que se quedara tranquila, que si se ...
    ... trataba de Camilo, seguramente no estaba metido en nada raro. De todas formas, aprovecharé mientras lo cuido esta tarde para hablar con él sobre el asunto. Qué lástima que tuve que vestirme así. No era bueno que un sobrino vea a su tía con este aspecto. Me perdería el respeto, y tal vez me haría preguntas. Quizás debería volver a casa a cambiarme. Tengo la cabeza en cualquier parte. Pero ¡un momento! ya estoy frente a la casa de Camilo, ya estoy sacando la llave y abriendo la puerta, ya estoy gritando ¡Camilo, ya llegué! Y ya estoy subiendo por las escaleras para entrar a su cuarto.
    
    Golpeo la puerta, él me grita que pase. Siento las piernas temblar, y un calor inapropiado se apodera de mi entrepierna. ¡Qué locura!
    
    — Hola tía —dice Camilo.
    
    Está en la cama, aunque no parece enfermo. Veo su rostro aún aniñado, a pesar de que hace poco cumplió los dieciocho: sus mejillas sonrosadas, sus pecas, su nariz respingona, sus ojitos azules, su cabello corto rubio. Veo sus hombros desnudos, por lo visto no está usando remera. Me mira de arriba abajo. Me da vergüenza, debería llevar un pantalón para estar más cómoda, no debí ponerme esa diminuta tanga cuyo hilo se metía entre mis nalgas, y sobre todo, debí ponerme una remera y un sostén, y no usar ese top tan provocador.
    
    — Qué linda estás tía.
    
    Me limito a sonreír. Camilo siempre me decía cosas lindas, y cuando era un niño me dijo que se casaría conmigo cuando creciera. Pero ahora ya está grande, y un brillo en sus ojos me dice ...
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