1. El sobrino depravado


    Fecha: 05/01/2024, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... aberrante de mi querido sobrino. Sí, debía estar soñando.
    
    — Qué te dijeron los tipos con los que te cruzaste.
    
    — Sólo hablaron entre ellos. Les gustó mi culo y dijeron que mis tetas parecían a punto de explotar.
    
    ¡Maldición! ¿Es que estaba obligada a contestarle con sinceridad a cada cosa que preguntara?
    
    — Muy poco originales —comenta Camilo—. Tía, quiero que me hagas un favor. Tengo un problema en mi cuerpo, y necesito que me ayudes. ¿Vas a ayudarme?
    
    — Sí —contesto. Después de todo, soy su tía, y debo cuidarlo ¿Verdad?
    
    Camilo hace a un lado el cubrecama. Descubro que se encuentra completamente desnudo. No puedo evitar observar la potente erección que tiene. Su pelvis está muy velluda, y su verga parece un hongo, pequeño y cabezón, totalmente erguido.
    
    — Pues verás. Mientras más se acercaba la hora en que llegarías, más me excitaba. Traté de controlarme, pero era imposible. La sola idea de tenerte como mi esclava personal durante horas, me volvía loco. Además, no estaba seguro de si la cosa funcionaría. Pero cuando vi que llevabas la ropa que te dije que te pusieras, y cuando me confirmaste que viniste caminando, supe que esto marchaba bien.
    
    ¿Qué carajos? ¿Él me había pedido que me vistiera así? Ahora lo recuerdo. Me llamó por la madrugada, me dijo que me pusiera ropa atrevida, que quería verme vestida como una puta; y me pidió… No. Más bien me ordenó que me fuera caminando hasta su casa. ¡Qué locura! Ahora empiezo a creer que de alguna manera me ...
    ... drogó para someterme a su voluntad, pero ¿En qué momento lo hizo? Si no nos vemos desde hace meses.
    
    — Bueno, en fin —sigue diciendo el mocoso perverso—. Lo que necesito es que me ayudes a terminar con esta erección. Parece que el esfuerzo que hice para no acabar tuvo como consecuencia que ahora no pueda deshinchar mi verga. Por favor tía, ayúdame con esto, vamos, acércate.
    
    Camilo extiende la mano y yo me acerco a él. ¿Qué demonios estoy haciendo? Quizás se trate de una hipnosis. ¡Maldición, mi cuerpo no me obedece! Tomo la mano de Camilo y me siento sobre la cama.
    
    — Por favor tía, leí en internet que puede ser muy doloroso mantener una erección por mucho tiempo. No quisieras ver a tu pequeño sobrino sufrir ¿Verdad?
    
    En su mirada siniestra todavía hay rastros de aquel niño que yo llevaba al parque los fines de semana. Ese niño que juró que se casaría conmigo cuando fuera grande.
    
    No parece dispuesto a obligarme por medio de la fuerza. Pero de hecho, no necesita hacerlo. Mi mano derecha ya está envolviendo su verga. Está roja, hinchada y durísima. Siento el calor de ese instrumento en la palma de la mano; siento la sangre corriendo a través de las gruesas venas. Camilo acaricia mi cabeza. ¿Qué carajos estoy haciendo? Empiezo a masturbarlo. Camilo me agarra del mentón, haciéndome sentir escalofríos, y me obliga a mirarlo mientras lo masturbo.
    
    — No tienes idea de cuántas veces soñé con este momento —dice. Acerca sus labios. Yo retrocedo, aunque no puedo dejar de ...
«1...345...13»