1. El sobrino depravado


    Fecha: 05/01/2024, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... sobrino. Después de todo eres una puta calentona. En principio no deberías andar vestida de esa manera por la calle, y mucho menos si vas a ver a tu sobrino. Si haces eso, cualquier hombre va a pensar que estás desesperada por ser poseída. Me sorprende que aquellos chicos con los que te cruzaste no te hayan querido coger. Pero yo no soy un cobarde como ellos, y si mi querida tía quiere que la coja, no voy a dudar en hacerlo.
    
    ¡Maldito cabrón! Sí fue él el que me obligó a vestirme de esta manera, así como también me está obligando a tener relaciones con él. Incluso me obliga a disfrutarlo. No sé cómo lo hace, pero así es. Mocoso degenerado, ahora empiezo a sentir excitación debido a los masajes que recibe mi clítoris de su lengua.
    
    — Vaya, tus pechos están increíblemente hinchados —dice, deteniéndose por un momento—. Y los pezones se marcan en tu ropa. No puedes contener tu calentura ¿Verdad?
    
    Me pellizca un pezón, me quita el top.
    
    — Tus tetas son muy grandes, pero aún así se mantienen muy firmes. Además, se sienten muy blandas —dice, estrujándome ambas tetas—. Tío Eduardo debe divertirse mucho con ellas… Pobre tío, si supiera las cosas que estás haciendo ahora con tu sobrino. ¿Cómo piensas que reaccionaría?
    
    — Se volvería loco. Pero no creo que tuviera el coraje de dejarme —contesto, presa de la sinceridad.
    
    No puedo evitar sentir una profunda lástima por mi marido. No merecía que lo humille de esa manera a sus espaldas.
    
    — Eso imaginé —dice Camilo, sin dejar ...
    ... de masajearme las tetas—. Tío Eduardo es un cornudo de alma. Aunque no lo hayas engañado antes, eso no importa, ser un cornudo es algo que se lleva adentro. Y el hecho de que me digas de que no tendría el valor de dejarte, aunque le metas los cuernos, confirma mi teoría.
    
    Pendejo de mierda, yo no le estoy metiendo los cuernos a mi marido. Pero no puedo decir nada de eso. Mis quejas solo quedan en mi mente, pues solo puedo hablar cuando él me pregunta algo, tal como lo dispuso hace un rato.
    
    Camilo se inclina y lleva uno de mis pezones a su boca. Los aprieta con los labios y los lame. Mi cuerpo se estremece y largo un gemido en contra mi voluntad.
    
    — Así que te gusta que te chupe las tetas, eso me gusta, eres realmente una warra.
    
    Se ensaña con ese pezón y lo succiona como si fuese un bebé que le quiere sacar toda la leche. Noto que su sexo ya está completamente duro.
    
    — Es mejor que vayamos a un lugar más cómodo —dice, poniéndose de pie al tiempo que me toma de la muñeca y me ayuda a levantarme—. Un momento —dice ahora, deteniendo sus pasos—. Me había olvidado de esto. Espérame aquí.
    
    Camilo mete la mano en el armario, y saca algo de él.
    
    — Esto lo compré pensando especialmente en ti —dice.
    
    No puedo creer lo que veo. Se trata de una larga cadena con una correa de cuero en un extremo.
    
    — A ver, quédate quieta —dice, ante mi absoluta indignación e impotencia, y acto seguido me coloca la correa alrededor del cuello—. No te preocupes, no la voy a ajustar mucho. ...
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