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El sobrino depravado
Fecha: 05/01/2024, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... cómo sería un orgasmo que sea el triple de intenso que ese. Qué carajos. Me resulta muy difícil imaginar algo como eso. Ya de por sí aquel orgasmo fue increíble. ¿Cómo sería un orgasmo tres veces más intenso? ¿Acaso mi cuerpo podría tolerarlo? — Voy a contar hasta cinco —dice Camilo—. Cuando termine el conteo vas a tener ese orgasmo. Será el mejor que tuviste en la vida. ¿Estaba hablando en serio? Después de todo, desde hacía más de una hora que yo estaba haciendo cada cosa que él me ordenara. No debería ser raro, dado el contexto, que pueda incidir en las sensaciones que atraviesa mi cuerpo. — Uno —dice Camilo, iniciando el conteo. Mi tanga esta a la altura de mis rodillas y él sigue hurgando en mi sexo—. Dos —me mira a los ojos con su mirada traviesa. ¿Hay algo de ternura en sus ojos? ¿Aún estaba ahí el inocente chico que me había prometido matrimonio cuando fuera grande? —. Tres —empiezo a sentir cómo el cosquilleo que hay tanto en mi ombligo como en toda la zona de la pelvis, se va convirtiendo en un calor incendiario—. Cuatro— ¿De verdad va a pasar? Mis músculos se contraen. Apoyo mis manos en la cabeza y el hombro de Camilo, convencida de que necesitaré sostenerme de algo—. Cinco —dice al fin. Un violento estremecimiento se expande desde mi sexo hacia todo el cuerpo. Los pelos se erizan, los muslos se cierran. Mi garganta suelta un grito enloquecedor. Mi sexo mana fluidos de manera increíblemente abundante, casi parece que estuviera meando. Pero es todo ...
... flujo vaginal que empapa la mano de mi sobrino. ¿Es esto posible? El orgasmo no solo es espectacularmente intenso, sino que es muy prolongado. Mis piernas ceden. Caigo de rodillas en el piso, mientras mi sexo sigue largando fluidos. Pierdo el poco equilibrio que me queda, y ahora me encuentro recostada sobre la alfombra, boca arriba. Estoy muy agitada, como si hubiera corrido una maratón. Me debo ver completamente patética: la tanga en las rodillas, la minifalda levantada, el sexo convertido en una laguna, la alfombra manchada con mis flujos, mis mejillas coloradas, apenas pudiendo respirar, a punto de perder la consciencia, a los pies del sociópata de mi sobrino, todo mi ser tembloroso. Siento que me acaricia el rostro. Mis ojos están borrosos. ¿Estaba llorando? Ahora lo veo. Camilo me sonríe. — ¿Verdad que fue el mejor orgasmo de tu vida? — Sí, fue increíble — le contesto. — Me voy a quedar con esto —dice. Al principio no entiendo de qué habla. Pero luego siento cómo tironea de la tanga. En lugar de quitármela, me la arranca, cortando las tiras en el proceso. Se lleva la pequeña tela a la nariz y la huele. — Realmente el olor de tu sexo es muy rico. Voy a guardarla para masturbarme, ya que la espera hasta verte de nuevo será muy dura. Ahora se arrodilla. Yo todavía estoy conmocionada por el orgasmo. Camilo mete la cara en mi entrepierna y lame mi sexo. — Esto se siente realmente rico tía —dice, y lame de nuevo—. Ya ves cómo te pusiste a causa de tu ...