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Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (9)
Fecha: 20/01/2024, Categorías: Incesto Autor: LilithDuran, Fuente: CuentoRelatos
... todos marcharon, lo primero que hizo no fue recoger, ni colgar la ropa de la lavadora, ni nada. Lo que más le apeteció fue ir al sofá, tumbarse, quitarse las zapatillas de casa lanzándolas al aire y ver un poco la tele. Después de unos veinte minutos de absoluta relajación con el cuerpo sin ninguna tensión en dos días, algo la sacó de su pequeño letargo, produciéndola una sacudida en el cuerpo. El teléfono vibró dentro de su bolsillo, no tenía ni idea de quién podía ser y hasta que no miró la pantalla estaba totalmente desconcertada. —¿Mariví? —Mari, ¿qué tal estás? Era la mujer que tenía la tienda de ropa. Con el viaje de su hijo se había olvidado completamente y eso que solo había sido un día. —¿Te pillo bien? —Sí, sí, tranquila, que justo me has cogido recogiendo la sala. —no quería decirla que estaba vagueando en el sofá, no sabía cómo lo vería la que probablemente sería su nueva “jefa”. —Vale, cielo, perfecto. Solo te llamaba para confirmarte lo que hablamos. Pasé el viernes por mi asesoría y ya tienen todo listo, si quieres, el lunes que viene empiezas. Tenemos que firmar el contrato y eso todavía, por eso esta semana descansa. —¡Qué bien, Mariví! —tenía bastantes ganas de empezar a trabajar y salir de su rutina. Aunque seguramente el trabajo… la haría caer en otra ¿no? —Nada más, Mari. Nos vemos en la tienda el lunes, ven para eso de las diez, con calma que es el primer día. Lo único… pues ven con alguna ropa mona y un poco retocada, tampoco ...
... mucho, no sé si me explico. —Entiendo. —tampoco lo entendía muy bien, pero que más le daba ¡iba a trabajar! —Nos vemos entonces, besos para la familia. —Lo mismo. Mari colgó el móvil con una sonrisa nerviosa. Era de lo que más ganas tenía en el mundo y por fin le tocaba el momento de llevar con su esfuerzo dinero a casa. Se encontraba pletórica y con los nervios a flor de piel, solo pensaba en que llegase el lunes siguiente para ir a la tienda. Aunque todavía debía arreglar una cosa… Sergio. Quizá debido a la exaltación por el trabajo, Mari se puso a recoger como loca. Guiada por unas fuerzas que nunca tenía por las mañanas, dio la vuelta a todos los cajones de la casa y los volvió a ordenar. No podía parar, si lo hacía, su mente no dejaba de dar vueltas en torno a dos asuntos, que como dos estrellas, atraían su atención. El trabajo y su hijo. La felicidad le hizo ver esta segunda de otra manera, hablaría con Sergio, estaba claro, pero su tono de negación absoluta se había relajado. Le diría que aquello fue una locura, que no se podía repetir, pero que estuvo de maravilla. Mientras el tiempo transcurría y ella seguía limpiando como loca, la idea de volver a repetirlo le picaba como una aguja. Tal vez su diablillo interno o quizá su entrepierna que últimamente estaba más ardiente que de costumbre, le hizo meditar una y otra vez la situación y acabar por decir “no lo buscaré. Pero si me insiste…”. Negó con la cabeza mientras llevaba en la mano la braga ...