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Ana, la camera y yo. Follar es maravilloso
Fecha: 21/02/2024, Categorías: Confesiones Autor: quemiedo, Fuente: CuentoRelatos
Quedé con Ana, una vieja amiga de toda la vida desde el ya lejano instituto, con acuerdo del derecho a roce. No coitamos de manera habitual, ni tampoco tenemos una norma en el tiempo, ni el lugar, simplemente nos llamamos por teléfono. Por el tono sabemos si es para la explosión de los sentidos, pasar el tiempo, necesidad por horas bajas, o simplemente viajar, darnos una recompensa sin nada en concreto. Ayer me llamó a media tarde, estaba en mi casa tumbado en el sofá, hojeando “Toro” un libro escrito por Joaquín Vidal y fotografías de Ramón Masats que son extraordinarias. El volumen tiene casi veinticinco años imaginando estará descatalogado. Hablamos un rato largo, bromas, chanzas y risas. Llegamos a la conclusión que necesitamos encontrarnos, pasar unos días juntos, sin más. De acuerdo, fue la respuesta, con la condición de echar la tienda de campaña al coche. Iremos sin rumbo fijo, parando y continuando la ruta según nos convenga, ¿De acuerdo? Su respuesta fue afirmativa. Ana un alma libre, sin ataduras, sin profesión definida. Es culta e inteligente, cuando se pone a trabajar en serio, hay que dejarla espacio para evitar te atropelle. Tan pronto pinta una casa a brocha gorda, como pinta con mucho arte un paisaje al óleo de encargo. Traduce textos del inglés o al inglés para una empresa exportadora, también es guía turística en la zona. Añadan otros mil oficios. Es una mujer de seducción, no es un bellezón al uso, pero tiene gancho y muchísimo encanto. Personalidad ...
... fuerte, pelo castaño corto a lo chico. Sus ojos castaños, grandes, vivarachos. Labios finos y largos, su cara es redonda, de pómulos marcados, resultona. La voz es cálida, envolvedora, agradable. Altura normal, un cuerpo armonioso con culo bien puesto, bien formado y atractivo. De pecho bonito, firme sin ser grande, pezones rosados extensos, muy receptivos, erectándose a la mejor caricia. Quedamos al día siguiente en el cruce de salida del pueblo hacía el norte, a las nueve de la mañana. Allí estaba a la hora, con una pamela de paja, un vestido camisero amplio y escotado de vivísimos colores, en la mano una especie de mochila, por el tamaño adiviné que estaríamos fuera no mas de seis días. No suele ser de mucha ropa interior, acostumbra a no llevar por la calle ni bragas ni sostenes. Su frase estrella, el coño siempre bien ventilado. Al conocerme saltó , moviendo las manos, queriendo llamar mi atención. Parando el coche, abrió la puerta de atrás poniendo su cabás, cerrando la portezuela con seguridad. Abriendo la puerta del copiloto se acomodó, poniéndose el cinturón de seguridad, quitándose las sandalias y poniendo sus pies en el salpicadero. Mantenía mi mirada en su persona con fijeza, asistiendo mudo a todo el protocolo del ponerse bien y cómoda. Naturalmente con cierta mueca de resignación cristiana, en la esperanza del ya parará. En ese momento recomendó, ella misma, ir para el sur, de esa manera asegurábamos el buen tiempo. Asentí con la cabeza, metí primera y para ...