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Ana, la camera y yo. Follar es maravilloso
Fecha: 21/02/2024, Categorías: Confesiones Autor: quemiedo, Fuente: CuentoRelatos
... desgana en principio. La camarera poniéndose en pie se acercó, tragándose la chorra en su mojada boca empezando una mamada, con el objetivo de ponerme en funcionamiento. Ana advirtió que me cuidara que era una loba tremenda, con unas especialidades en vicio de película. En nada el hermano pequeño alzó la frente mirando al techo. Se apartó la moza a un lado, mirando a Ana, casi como poniéndome en suerte. Ana rechazó con la mano y el dedo pulgar mirando al suelo, haciendo a la camarera los honores para terminar la faena con una chicuelina afarolada y salir andando con torería. La camarera disponía de un cuerpo duro, bien formado, no llegaba a la veintena de años. Pecho desafiante, de pezón negro mediano e insultantemente terso. El pubis recortado de manera delicada en forma de corazón. Estos coños con pelos son los buenos, Ana sacó con condón, dándoselo a la chica, era como la llave de toriles. La chica me folló, sí, me folló de todas las maneras, no paraba de zarandearme, cambiarme de terrenos en el catre. Ella lo hacia todo, puso mi pene en su vagina, en el culo, entre las dos tetas. Perdiendo la noción de tiempo hasta que ...
... descargue como un semental casto del depósito militar de Córdoba, que siempre tuvo un prestigio. Ana besándome, a la vez dándome palmaditas en la espalda, como diciendo, te has portado. Para cuando me di la vuelta la chica había salido con discreción de la estancia. Nos vestimos, el uno al otro, para la cena. Me gusta por la carga erótica que lleva el vestir o desnudar a una mujer. En esta ocasión Ana vistió bragas de encaje negras muy pequeñas y sujetador, bueno mejor dicho, la puse con unos pantalones negros de terciopelo ceñidos en sus caderas y holgados según bajaban hasta sus tobillos. Una camisa blanca semi transparente informal, pero como ella es tan elegante le quedaba muy bien. Fuimos a cenar a la Taberna Casa Pepe de la Judería, al cual suelo acudir, pero mas que nada por la añoranza del local anterior, aquella taberna con el suelo irregular, que calzaba la mesa con una hoja de periódico. Como no, obligado un rabo de toro que en esta ciudad es una obligación. Durante la cena comenté que tenia que comprarle un regalo a tan esplendorosa hurí. Pensé en unos pendientes para enmarcar el bello rostro inolvidable.