-
En el medievo (P. 2): Un encuentro
Fecha: 24/02/2024, Categorías: Incesto Autor: Alfil-1, Fuente: CuentoRelatos
... Dentel hicieron lo mismo. Al momento notaron que la mujer y el chico se removían bajo la manta. Con la luz de la luna, cuando salía entre las nubes, Sahara pudo llegar a ver cómo Sira movía su mano bajo la manta. Rápidamente interpretó que estaba manoseando el miembro de Teodon por los gestos que veía en la cara del chico. Sahara sintió cierta excitación por el morbo de la situación. Notó como su cuerpo se calentaba. Llevo la mano entre sus piernas de una forma instintiva. Teodon puso una mano sobre la cabeza de su madre y la obligó a ir bajando. La cabeza de Sira desapareció bajo la manta y comenzó a ascender y descender. Sahara movió el hombro de Dentel con su mano y le hizo señas con la cabeza para que mirara. Dentel abrió los ojos y miró hacia donde Sahara le señalaba. La madre había retirado la manta porque no la dejaba respirar, y ahora se podía ver como entraba y salía de su boca el duro miembro del muchacho. Él la sujetaba la cabeza con una mano y con la otra manoseaba sus tetas. El calor del cuerpo de Sahara aumentaba y llevó su mano hasta el miembro de Dentel. Lo manoseó unos segundos y al instante ya estaba duro y tieso como una estaca. Sahara se colocó de lado bajo la manta y llevo con la mano el duro miembro entre sus piernas. El capullo hinchado penetro entre sus ardientes labios cuando Dentel se acoplo contra su culo. Sahara veía como la mujer movía sus labios con delicadeza haciendo que la polla del muchacho entrara entera en su boca. Dentel comenzó a mover ...
... su cuerpo y Sahara sintió como su dura polla penetraba dentro de ella. Los movimientos de Dentel eran algo bruscos y ella le freno. – Despacio! Despacio! Le susurró. Dentel relajó sus movimientos mientras le abría el culo con una mano y con la otra la sujetaba del hombro. El miembro de Dentel entraba profundamente y volvía a salir despacio, como le había indicado Sahara. Ella miraba a la pareja, la madre chupándomela a su hijo, y eso la ponía como el fuego de una fragua. Le recordaba al tiempo que tuvo que pasar con Iván. Odiaba a ese hombre, pero reconocía que había despertado en ella la fiera que llevaba dentro. El deseo y el sexo casi la dominaban, y por ese motivo, odiaba más a Iván. Recordaba todo desde el principio, como nada más llevarla a su aldea, la ató a un poste con una cuerda al cuello y las manos a la espalda como si fuera una perra. Como cada noche la pasaba a su casa de piedra y la enseñaba un plato con comida mientras se abría los pantalones y la mostraba su miembro duro. – Si quieres comer, tendrás que ganártelo! Le decía con una sonrisa maléfica. El hambre, después de todo el día sin comer, la invadía todo el cuerpo. Sabía que ese cabron no la daría ni un trozo de pan si no accedía a sus deseos y su prioridad en ese momento, era sobrevivir. Solo pudo aguantar dos días sin comer, al tercero se acercó al bárbaro sentado en su silla de madera cochambrosa. Sabía lo que quería, y con las manos atadas a su espalda, se inclinó hasta la polla erecta del hombre. El ...