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Milf coqueta
Fecha: 07/03/2024, Categorías: Confesiones Autor: Hotwife, Fuente: CuentoRelatos
... miradas, sobre todo por no ser insistentes. Ni siquiera compartimos teléfono. Cuando ya faltaban pocas sesiones para que finalizara el curso me arreglé de otra manera: me alacié el cabello, me pinté un poco más. Por ejemplo, una tarde me puse una falda corta pero con medias negras, con tacones y una blusa color azul pastel. En esa ocasión sentí más sus miradas que de costumbre, pues nunca me había presentado a clase vestida de esa manera. Cuando cruzaba las piernas sentía su nerviosismo entre que deseaba mirarme y no. En consonancia con el juego, ese día no me quedé a conversar después de la clase, terminó y me retiré. Cuando me despedí junto a los demás compañeros con un “hasta luego”, se sorprendió pues pensaba que me iba a quedar como en otras ocasiones. Esa noche había acordado ir a cenar con mi marido por un aniversario más de nuestro matrimonio y por supuesto que habíamos festejado con una gran noche de sexo. De igual manera, y como parte del juego, el penúltimo día de clase me pinté un poco más y me puse la misma falda negra corta, con tacones, pero sin medias y una blusa blanca. Llegué antes de la clase y me senté, como lo había hecho en clases pasadas, en la fila de adelante. Cuando llegó y me vio sentada con las piernas cruzadas y sin medias, percibí nuevamente su nerviosismo. Mis piernas blancas llamaban más la atención que con las medias negras. Saludó a todos. Desarrolló su clase pero su mirada regresaba frecuentemente a mí. Esta clase fue diferente, no ...
... fue como las otras, pues estaba desconcentrado y se iba de un tema a otro tema. Tampoco me quedé al final de esa clase, más bien me salí antes, desconcertándolo, supongo, todavía más. Finalmente llegó el último día de clase del módulo. Recuerdo que ese día mi marido tenía una cita de trabajo en Cuernavaca a mediodía y había programado regresar hasta el día siguiente. Ese día amaneció con mucho calor. Me duché dos veces, en la mañana y antes de irme a la clase de la tarde. En la mañana, al despertar, mi marido me había despertado con su miembro pegado a mis nalgas, abrazándome por detrás. Sentir la dureza de su miembro me excitó. Después cambió de posición colocándose boca arriba y yo descansé mi cabeza en su pecho. Luego mi mano derecha empezó acariciar su torso y poco a poco fue bajando hasta llegar a su miembro. Lo empecé a acariciar encima de su trusa, de diferentes maneras, con mis dedos, con mi mano completa… después, como tantas veces, por debajo de su trusa, sintiendo ya su humedad. Esto me excitó más. Sentí deseos tanto de que me penetrara como de hacerle sexo oral. Preferí lo primero. Me coloqué encima de él, hice a un lado mi tanga amarilla y acomodé su miembro en mi vagina. Como chorreaba de humedad su miembro no hubo necesidad de ir por el gel lubricante. Empecé a cabalgar, de arriba hacia abajo; después inicié un movimiento en círculos sobre la punta de su miembro y sentí como aumentaba su excitación. Me detuve un poco, no quería que eyaculara tan pronto. ...