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Yoli, mi sobrina en el pub
Fecha: 22/03/2024, Categorías: Incesto Autor: Ivanvorpatril, Fuente: CuentoRelatos
—¡La madre que la par...! Conseguí ahogar mi exclamación a tiempo. ¡Que buen trabajo hizo mi queridísima hermana! Todo eso necesita una mejor explicación. La interjección iba dirigida al culo de una joven morena que aparecía casi desnudo bajo un mínimo short vaquero al lado de la barra del pub en que me tomaba una copa. Lógicamente me tuve que tragar mis palabras con el siguiente trago de mi copa. Desde mi posición, dos pasos más allá junto a los grifos de cerveza, podía ver perfectamente sus largos muslos ahusados y una espalda bien torneada no muy tapada por un pequeño top. Charlaba animadamente con una rubia también muy bien formada y tan poco vestida como la morena, una falda muy, muy corta y un sujetador por llamarlo de alguna forma era todo lo que la cubría. Como estaba de espaldas y su larga melena negra me ocultaba el rostro no tenía muchos más datos. Hasta que en el momento justo se giró como si me hubiera oído. Y allí estaba mi preciosa sobrina Yolanda tomando una copa con su amiga Carmen. —¡Tío! No sabía que te gustaba salir por aquí. Y me plantó dos besos en las mejillas muy, muy, cerca de mis labios. Mi hermana Sonia que me sacaba diez años y desde adolescente siempre había sido la musa de mis pajas era la madre de esa hermosa criatura de diez y ocho años recién cumplidos. Una morenaza de impresionantes ojos azules con una figura de modelo que la niña había heredado. Con Sonia nunca me había atrevido a nada evidentemente y aparte ...
... de verla algunas veces desnuda o en bragas apenas la había rozado. No se escondía precisamente y sus bikinis en la playa eran algo espectacular que me daba material para mis deslices onanistas durante todo el invierno. En ese momento el amigo que me acompañaba estaba embobado mirando el par de bellezas de diez y ocho años que nos sonreían y anonadado apenas se había enterado de nada. —Alex ella es mi sobrina Yolanda. ¿Tú eres? —Carmen, una amiga. —Él es Alex, como ya he dicho, un amigo también. —Ya tenéis pagado lo que tomabais. —Gracias, tito. Procedí a las presentaciones y como el familiar generoso que era, me ofrecí a invitarles a lo que estaban tomando. A que nos acompañaran sin la menor esperanza de que eso pudiera ocurrir. De que aceptaran quedarse con dos carcamales como nosotros. Ante mi sorpresa y no antes de cruzar sus miradas en un mudo gesto de entendimiento aceptaron. —Podemos seguir juntos. Si no tenéis mejor plan. —Si nos invitas a las copas, tito. —Pues claro, cielo. Sorprendentemente su conversación era animada y adulta y nos lo estábamos pasando bien los cuatro. Incluso empezamos con las bromas, subidas de tono. Su amiga coqueteaba descaradamente con quien me acompañaba que embobado estaba muy perdido en su profundo escote. Mientras mi sobrina cariñosa se me pegaba como una lapa haciéndome notar sus duras tetitas en mi bíceps trabajado a fuerza de largos en la piscina. Las rondas de bebidas se iban sucediendo pagadas por ...