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Mi primo me engaña para que me folle un desconocido
Fecha: 31/03/2024, Categorías: Incesto Autor: Caprice, Fuente: CuentoRelatos
... que vistiera escandalosa para ir a su casa. Se decantó por unos leggings de color hueso porque, cuando me los vio puestos, sin bragas debajo, opinaba que se marcaba mucho la vulva y se metía entre las nalgas. Luego eligió un top negro muy escotado, que le pareció perfecto sin sujetador, porque apenas cubría los pezones. Cuando me puse unas sandalias de cuero marrón y me vio en conjunto, exigió que fuese caminando así por la calle, que entendería el motivo cuando llegara a su casa. A mí me pareció que no conjuntaba nada con nada, pero consentí por no discutir y porque, estando su casa en la urbanización donde vivo, no sería más de medio kilómetro a pie. —Ahora me voy, porque tengo que preparar tu recibimiento —dijo muy sonriente al tiempo que me comía con los ojos—. Tienes que llegar a las nueve en punto. La puerta estará entornada y dentro unas instrucciones extra. El muy cabrón se despidió con el segundo azote del día, como si fuera una fulana, dejándome intrigada y con más ganas de sexo. Cuando mi primo se fue de viaje, me dio la llave y encargó que buscara alguien que le limpiara el chalet, porque se había cansado de vivir en el barco igual que un ermitaño. Como la vivienda llevaba doce años cerrada, desde que la familia se fuera a Cataluña, donde su padre fundó una próspera empresa de transportes, hicieron falta dos limpiadoras y tres días de duro trabajo. Allí es donde sacié mis apetitos sexuales con el australiano. Llegué puntual, entré y las indicaciones ...
... estaban en el vestíbulo, cogidas con pinzas en un caballete de madera. Desplegado, se trataba de un folio con un texto manuscrito que decía lo siguiente: Mi preciosa Sandra, gracias por venir a recibir tu regalo de cumpleaños. Entiendo que estarás confusa con tanto secretismo, pero es necesario dadas las circunstancias que conocerás a continuación. Debes recorrer el pasillo y llegar hasta el salón, pero debes hacerlo con la mente abierta, sin prejuicios, entregarte y cumplir al pie de la letra lo que te pida, sin peros y con mi palabra de que podrás marcharte en cualquier momento, si no te sientes cómoda. Dicho esto, la puerta de la calle está abierta, lo estaba para recibirte y puedes irte ahora mismo, si así lo prefieres. Por el contrario, si aceptas, cierra con llave, que seguirá en su sitio, si te arrepientes más tarde. Contrariamente a los presagios de los patitos y las carnes, me acojonaron tantos síes condicionales; pero cerré la puerta con llave, con lo que este gesto, en apariencia inocente, representaba. Luego caminé por el pasillo y llegué al salón. Estaba a oscuras y me detuve en la entrada. Le llamé a gritos porque no sabía dónde estaba. Enseguida se encendió una lámpara a mi derecha. Su luz era débil, apenas iluminaba en todas direcciones un metro cuadrado. Mi primo estaba bajo ella, sentado en una butaca, con las piernas cruzadas y un cigarrillo humeante en la mano. —Enciende la lámpara que tienes a tu izquierda, sobre la mesita —ordenó—, y gira ...