1. Mi primo me engaña para que me folle un desconocido


    Fecha: 31/03/2024, Categorías: Incesto Autor: Caprice, Fuente: CuentoRelatos

    ... sobre ti misma para que te vea mejor. Por cierto, ¡muchas felicidades!
    
    Agradecí la felicitación, prendí la luz y giré, igual que una modelo de moda, separando los brazos del cuerpo unos veinte grados.
    
    —Tienes buen gusto vistiendo —afirmó bromeando—. Estás preciosa, pero quiero que te desnudes despacio y mirando al frente, así podré admirar ese cuerpo que me tiene loco.
    
    Entendí que quería un striptease y lo hice lo mejor que supe, siendo mi primera vez. Primero me desprendí de las sandalias y luego del top, contorneando los hombros para ayudarme. Aproveché la desnudez de los pechos, anaranjados gracias a la luz cálida de la lámpara, para acariciarlos. Después pellizqué varias veces los pezones duros y empinados, al tiempo que me contorneaba y mordía el labio inferior. Los leggings salieron tirando del elástico con los pulgares en las caderas, las piernas estiradas y haciendo bisagra en la cintura para dejar el culo bien expuesto.
    
    —Me has puesto muy cachondo, Sandra —dijo mi primo. Observé que se tocaba metiendo la mano entre el pantalón—. Ahora quiero que te toques entre los muslos mirando al frente. Mientras lo haces, me gustaría que respondas a unas preguntas.
    
    Tan intrigada como excitada, los abrí lo justo y doblé un poco las rodillas. Luego introduje la mano y comencé a masturbarme, al tiempo que subía, bajaba y describía pequeños círculos con las caderas.
    
    —Me gustaría saber por qué estás aquí -preguntó.
    
    —Me has pedido que venga a recoger mi regalo ...
    ... —respondí tímidamente y ciega de vergüenza, pero sin dejar de tocarme.
    
    —Me refiero a por qué has cerrado la puerta con llave —aclaró—. No pensarías que se trata del típico regalo en cajita y con lazo rojo.
    
    —La he cerrado porque quiero entregarme, sin peros, como decías en la nota.
    
    —Dime qué has sentido viniendo vestida así por la calle. —Me había advertido que su capricho respondía a un propósito concreto.
    
    —He sentido vergüenza y excitación por igual. También deseada por buena parte de los hombres, algunos vecinos, que me he cruzado.
    
    Nacho dio una profunda calada al pitillo, luego sonrió, triunfante.
    
    —¿Te gusta el sexo por el sexo, el morbo, lo prohibido o lo que la mayoría repudia?
    
    Sin entender a qué obedecían tantas preguntas, respondí a cada una de ellas con un sí. Luego vino una que terminó por desconcertarme.
    
    —¿Te gusta el sexo con desconocidos?
    
    —Apenas tengo experiencia, pero depende de quién sea y si me gusta —respondí dubitativa.
    
    —Eres un regalo para la vista y la imaginación —afirmó—. Ya no hay más preguntas. Ahora quiero que conozcas a alguien. Lleva un tiempo ansioso, desde que le hablé de ti.
    
    Cuando me pidió que me desnudara, pensé que Nacho sería mi regalo especial; sin embargo, sospechaba que algo tramaba cuando insistió en que lo hiciera mirando al frente y no a él.
    
    Abandoné este pensamiento cuando una nueva lámpara se encendió delante de mí, al fondo de la sala. Bajo ella, apareció una figura masculina de aspecto atlético. ...
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