1. Mi primo me engaña para que me folle un desconocido


    Fecha: 31/03/2024, Categorías: Incesto Autor: Caprice, Fuente: CuentoRelatos

    ... Estaba sentado en el sofá, con las piernas flexionadas y semiabiertas. Vestía de sport, con zapatos marrones de suela blanca, bermuda gris claro y polo marinero azul marino, de esos que llevan un pequeño cocodrilo a la altura del corazón. Me resultó atractivo, sin exagerar, con el rostro serio y varonil. Calculé que rondaría los cuarenta, muy mayor para mí, pero merecía la pena, a pesar de la pinta de pijo que tenía.
    
    —Dime si estás cómoda o quieres marcharte —preguntó Nacho, dándome la oportunidad de recurrir a alguno de los síes condicionales, o comodines, de la nota.
    
    —Estoy tan cómoda como cabría esperarse —murmuré inclinando los ojos hacia el suelo—. No es lo que esperaba, pero he llagado muy lejos para rendirme ahora.
    
    —Ahora quiero saber qué opinas de Leo —preguntó Nacho, revelando el nombre de su amigo. Su tono era menos meloso, pero se mantenía, por los pelos, dentro de los límites marcados hasta ahora.
    
    —Sin ánimo de faltar, casi me dobla la edad. —No me mordí la lengua—. Pero es atractivo y está muy bueno.
    
    —Estaba seguro de que sería tu tipo —afirmó Nacho, sonriendo satisfecho—. Ahora quiero que te arrodilles, vayas gateando y gires ciento ochenta grados cuando llegues hasta él.
    
    Mi primo había llegado al límite de la perversión, pretendiendo que me entregara a un desconocido. No obstante, aunque mis sentimientos eran contradictorios, el reto me excitaba.
    
    No lo pensé dos veces y fui gateando, con la vista al frente, igual que una seductora gata, ...
    ... forzando los hombros a cada paso y balanceando el culo. Al ser menudos y firmes, los pechos apenas se movían, pero los pezones erectos y duros aportaron cierto glamur. El caso es que, a medio camino, su mirada penetrante me intimidaba. Entonces recurrí a la broma, como siempre que estoy nerviosa, fingiendo que había una hormiga muerta en el suelo.
    
    —Pobrecita, tuvo un triste final —dije conteniendo la risa. Luego hice como que la movía con la uña y añadí—. Buenas noticias, porque tan solo es un granito de arena, que alguien ha traído en la suela del zapato.
    
    Los dos rieron y proseguí gateando más relajada, con los labios entreabiertos, mordiendo el inferior como si fuera medio fresón y relamiéndolo después como una golfa. Así llegué a destino, di la vuelta, me apoyé en el suelo con los antebrazos y la espalda quedó a modo de tobogán, con el culo en lo alto. Finalmente separé las rodillas, quedando la fruta prohibida del pecado a la vista, percibiendo como los ojos del pecador se clavaban en ella.
    
    —No te quedaste corto cuando me hablaste de Sandra, amigo Nacho —opinó el desconocido—. Tiene una carita preciosa y su cuerpo juvenil es divino. Pero, sin desmerecer al resto, lo que más me gusta es el culo, con forma y textura de melocotón—afirmó mientras lo acariciaba con ambas manos.
    
    Si las caricias me ponían a cien, ni punto de comparación cuando descendía entre ellas, pasando por el ano hasta el coño. Entregada, cerré los ojos y gemí de gusto al penetrarme con dos dedos. ...
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