1. El río. Una oportunidad para follar


    Fecha: 29/05/2024, Categorías: Confesiones Autor: quemiedo, Fuente: CuentoRelatos

    ... seguro, con un contoneo natural y a la vez insinuador de naturalidad brutal.
    
    - No sabes, Lola, que no puedes soltarlo en el campo, así a la pata de la llana, ¿y sí me ataca?
    
    - Qué no hombre, qué no, sólo gruñe, pero no ataca, está bien enseñado – contestó Lola - tampoco pensé que podría, a estas horas, encontrar a gente por la trocha a semejante hora.
    
    Acercándose pidió perdón con una amplia sonrisa y un movimiento sensual de ojos, estampó en la cara dos besos bien dados con cierta sonoridad afectuosa.
    
    Llevaba una camiseta de tirantes azul oscuro, apretada a su cuerpo, falda vaquera corta sin ser exagerada. Tiene un cuerpo categórico, en posesión de grandes curvas. Sus tetas son grandes y armoniosas con su macizo y deslumbrante cuerpo. Piernas también proporcionadas, se las ve fuertes, no musculosas, esos muslos que están acolchaditos por la acumulación de primeros síntomas de adiposidad sugerente, cuando se está a mediados de los treinta. Es una chica maciza de curvas serenas, una morenaza de buen ver y mejor tocar, suponía. Lleva melena suelta hasta los hombros. Ojos negros profundos, pero con mucha vida, labios sensuales y carnosos, cuando los tiene cerrados, en el medio forma un pequeño agujerito sugestivo y sugerente. Es un labio natural propio, toda la familia, qué conozco, les llaman los morros por el pueblo. Dientes blancos y perfectos, que le permite una sonrisa atrayente con cierto toque sexual.
    
    - ¿Dónde vas? -preguntó con cierta sonrisa ...
    ... encantadora.
    
    - No lo tengo decidido -respondí- iré hasta el puente de mas adelante, cruzaré, volviendo al pueblo por la otra ribera.
    
    - Te acompaño- contesto.
    
    Seguimos caminando hablando de memeces, del tiempo, de la ley de terrazas municipal que tanto le atañen. Cosas simples. En mi mano llevaba una vara de avellano, con la que iba pegando a pedruscos del camino, en un juego intrascendente, por hacer algo. En estas que me dio por tirarla al aire, con la idea que el perro se lanzara a por él y ver su respuesta.
    
    Así lo hice. No recuerdo ahora el nombre del chucho, un nombre corto, sonoro, digamos que algo así como Thor o parecido.
    
    - Ándale, ándale Thor, ve por el palito.
    
    El chucho se arrancó como un rayo en la distancia, saltó haciendo malabares en el aire, recogiendo la varita, trayéndomela. Lola, mirándome con sorpresa, movió la nariz intentando explicar su sorpresa
    
    - Es la primera vez que le veo hacer eso con un extraño.
    
    - Ya ves todos tenemos nuestros encantos ocultos.
    
    Olvidé comentar que ella es alta, para ser chica, diría que un metro setenta y cinco. Muy alta de verdad. Se sintió ofendida, agachándose con decisión buscó otro palo. En el gesto natural y decidido olvidó adecuarse la falda, dejando a mi vista el regalo de dos cachetes morenos imponentes, torneados, respingones, curvas de perfección tal volutas de un capitel jónico. En medio de ellos, la parte visible, era poquísima, de su ropa interior.
    
    Entendí que vestía un tanga pequeño, quizás de esos de ...
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