1. El río. Una oportunidad para follar


    Fecha: 29/05/2024, Categorías: Confesiones Autor: quemiedo, Fuente: CuentoRelatos

    ... muslo izquierdo. Bajó la falda con dignidad, pero su ropa interior seguía en los tobillos.
    
    - No te podrás quejar del espectáculo y la visión. El panorama no te creas que lo ha visto todo el mundo.
    
    No echamos a reír hasta la hilaridad y lágrimas asomando por los ojos.
    
    - Déjame que te mire por si estas sangrando, e intenta si puedes caminar.
    
    Se movió como las muñecas de Famosa, la ropa interior no daba más de sí. Mire sus hombros, brazos, codos, rodillas, muslos y en un gesto de caballero, pidiendo perdón, levante su faldita y mire sus nalgas que tenían cuatro arañazos sin importancia. Todo bien la dije. Me rogó que me diese la vuelta, así lo hice, se subió el tanga. Cuando terminó me giro agarrándome de hombro, mirándome fijo a los ojos, una mirada difícil de aguantar. No sabía que hacer ni decir, ante esa mirada que resultaba difícil descifrar.
    
    En ese momento me agarró decididamente de ahí, sí dónde están pensado, la masculinidad física. comenzando una labor de frotamiento con ritmo diabólico. La picha se puso en guardia produciéndome hasta dolor, pensé por un momento que estallaría por la parte de los huevos. Ella se agachó, bajó mi cremallera de la bragueta y a duras penas, con muchas maniobras, logró liberarla de mis vaqueros. Estaba atónito, en silencio, incrédulo, mientras se introdujo el cipote en su sexual boca. Sólo la cabeza, que con esos jugosos labios estuvo atrás y adelante. Atrás y adelante. Atrás y adelante. No encontraba donde agarrarme, ...
    ... donde apoyarme para no perder la estabilidad, quería pensar en algo horrible, en algo doloroso. Sentía que estaba a punto de soltar un chorro que intuía portentoso.
    
    Así que la agarré de la cabeza. Y al poco rato fue poniéndose en pie, ella empezó a frotar sus morros sensuales contra mis labios.
    
    - ¿Qué, te gustas como sabes? - preguntó
    
    - Naturalmente no llevarás ninguna goma en el bolso, ni en la cartera.
    
    - Efectivamente has acertado, por el campo no suelo llevar, aunque conozco, por oídas, que en estos sitios abundan los conejos salvajes peludos.
    
    Ella sonrió, yo también. Empezando un duelo desesperado con labios y lengua. Era ridículo a la vera de un camino, con una discreción que proporcionaba exiguamente la morera. El pene en todo su vigor y vistosidad, la polla para entendernos, ella abrazándome con sus torneados brazos. Yo que soy muy de tetas opté por liberarlas de un bonito sujetador de encaje. El tacto era cálido, mullido, agradable aumentando todavía mas mi excitación. Ella me ayudó, bajándose el sostén, y subiendo su camiseta. ¡Dios mío! Que pechos más bonitos y apetitosos, con unos pezones redondos a la perfección, oscuros erguidos y desafiantes. Los cuales estuve besando y chupando hasta que dijo basta, que me las vas a dejar lacias.
    
    Baje mi mano derecha hasta su ingle, y con delicadeza y precisión acaricie el capuchón del clítoris. Arriba y abajo, Arriba y abajo. La otra mano la descansaba en sus nalgas respingonas, alternando con caricias en su ...