Las tetas de mi suegra, mi obsesión
Fecha: 11/02/2025,
Categorías:
Sexo con Maduras
Autor: Rollo, Fuente: CuentoRelatos
... era un poco pechugona, pero con esa ropa, no llegaba a concretar.
Hace un año y medio, ocurrió algo que me hizo centrar mi atención en mi suegra.
Un sábado que no tenía que trabajar, mi mujer se había ido con el niño al centro comercial, que hay a 10 kilómetros del pueblo, a comprar ropa.
Decidí acercarme a casa de mi suegra, a echar un vistazo a un grifo del baño, que le perdía un poco de agua. Mi cuñado, había salido con los amigos y tampoco le daba la gana, de reparar el grifo que llevaba goteando dos meses. El hermano de mi suegra, estaba de bares, como siempre.
Llegué a la casa. Una casa vieja de dos pisos, y como siempre, la puerta estaba abierta, cuando hay alguien. Entré y llamé a mi suegra.
– ¡Teresita! soy David, buenos días – dije.
Se ve que no me escuchó y no respondió.
Crucé el salón y el pequeño pasillo central de la casa. No había nadie, en el piso de abajo.
Subí arriba y no escuchaba nada. Al llegar a la habitación de mi suegra, justo antes de asomarme por la puerta abierta, pude ver en el reflejo del espejo del armario, que había dentro, a mi suegra.
Llevaba su típica falda negra, pero estaba desnuda de cintura para arriba. Pude ver su piel blanquecina; su cuerpo ligeramente encorvado; sus brazos delgados y flácidos; su barriguilla, blanda y con el ombligo arrugado. Y lo que despertó mi interés y sorpresa, fueron sus enormes pechos. Unas tetas algo caídas, pero grandes y macizas. Blancas, con venitas azuladas y unos carnosos ...
... pezones rosados, con unas areolas grandes y bien marcadas. Se bamboleaban como péndulos.
Me quedé inmóvil. No me atrevía ni a respirar y desde mi posición, estaba hipnotizado con aquel par de melones de mi suegra. La vi ponerse un sujetador beige, de esos cruzados, de abuela. Ver cómo se metía las tetazas en las copas, me provocó una calentura terrible y mi polla, se endureció rapidísimamente.
Cuando mi suegra terminó de vestirse, decidí bajar sin hacer ruido e irme a casa. Estaba tan excitado, que nada más llegar, me masturbé con el recuerdo de mi suegra, desnuda.
Desde ese día, siempre que estaba con ella, no paraba de mirar esos cántaros lecheros que ahora sí, notaba ligeramente bajo su holgada ropa.
Mis pajas desde ese día, en su mayoría, se las dediqué a ella. Fantaseaba con sentir en mis manos, el volumen de sus tetazas bamboleantes. En chupar esos pezones carnosos. En disfrutar de esos melones, que hacía mucho que ningún hombre disfrutaba.
También fantaseaba con que me la chupara. Mi suegra utiliza dentadura postiza y me imaginaba la sensación de una mamada suya, sin dientes. Además, seguro que nunca habría hecho una, ni siquiera a mi suegro.
A veces, cuando estábamos en su casa, miraba sus pechos y se me ponía dura como una piedra, hasta el punto de tener miedo de que alguien notase mi erección.
Deseaba tocar a mi suegra. A veces, cuando estaba ayudándola a recoger y limpiar los platos, tras una comida familiar, me acercaba a ella y le ponía la mano en ...