1. Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (20)


    Fecha: 16/03/2025, Categorías: Incesto Autor: LilithDuran, Fuente: CuentoRelatos

    ... disipó en un momento, tuvo que poner su mejor rostro y olvidarse de aquella sensación tan fascinante que le recorría la entrepierna. Millones de hormigas estaban andando con sus pequeñas patas a una zona tan sensible que dentro del pantalón ardía.
    
    —Ahora estoy contigo. —vio cómo la clienta se encaminaba al fondo de la tienda y volvió los ojos a su vástago— Sergio, ven a las ocho, cuando cierre. Espera en la otra acera… no tengo tiempo para hablar, debo ir a casa que estará tu padre y tu hermana esperándome para cenar.
    
    No hizo falta decir más. Apretó la cintura de su madre con las manos, haciendo que Mari apretase los dientes tratando de no sisear cuál serpiente y quitó la vista de su hijo. Este se marchó de allí, esperando a que pasara el tiempo y lamentándose de no tener un libro que le entretuviera.
    
    Mientras tanto, su madre atendió a quien entrase por la puerta, como a Sandra que le comió bastante tiempo. Entre clienta y clienta solo se le ocurrió una cosa, una única cosa para poder expresarse, escribirle todo en un papel, sería más sencillo que hablar.
    
    Antes de las ocho Sergio estaba en la otra acera, mirando dentro a su madre que hacía los últimos preparativos para cerrar, espantando a algunas clientas con buenas palabras y dejando todo listo. Salió de la tienda, cerrando con un manojo de llaves y accionando la persiana automática mientras miraba a su hijo al otro lado.
    
    El joven vio el papel que traía en la mano, un folio al uso que no dejó de mirar ...
    ... mientras cruzaba la calle con rapidez sin mirar a los lados. No tenía nervios, no tenía timidez, simplemente era un flan por tener allí a su querida madre.
    
    Le extendió el papel sin decir nada y después con un gesto veloz como el rayo, Mari se adelantó para darle un perfecto beso en la comisura del labio a su pequeño. No dijo más, no hizo más, solo se dio la vuelta y comenzó a caminar por la calle en dirección a su casa. El joven se quedó quieto, mirando el papel y con una erección que no era sana. En el pantalón algo se movía, un alíen dispuesto a hacer cualquier tipo de atrocidad con el objetivo de sacar el jugo blanco que tanto le oprimía los genitales.
    
    De la vuelta a la residencia ni se dio cuenta, solo se percató de la realidad cuando estaba sentado en su cama con el folio doblado en las manos. Lo había llevado con cuidado, colocado a la perfección en el sitio del copiloto como si fuera un ser viviente. Podía notarlo, casi sentir una palpitación constante de un corazón de papel que le llamaba.
    
    Ahora estaba dispuesto a leerlo, sin tener la menor idea de lo que habría en su interior. Los dedos le sudaban y no quería mancharlo, por lo que se acercó al escritorio, dio el flexo que usaba para estudiar y calmándose, lo abrió.
    
    “Hola, Sergio:
    
    Te lo escribo porque de otra manera no me va a salir. No puedo decírtelo a la cara, porque antes me daría un infarto. Lo mejor será decirlo lo más claro posible, si le doy vueltas va a ser peor. Te amo tanto como amo a tu hermana, ...
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